Viendo las imágenes del ataque a la diputada ceutí y a los dos activistas no saco de mi cabeza la pregunta ¿qué habría pasado si los hubieran sacado del coche?
Huelga decir que la situación que vive la ciudad autónoma de Ceuta está en las antípodas de lo que es una situación de normalidad; que Ceuta y los ceutís merecen las mismas condiciones de vida que el resto de los territorios del Estado y que para ello deben garantizarse todos los recursos humanos y materiales necesarios.
Empatizar con Ceuta no implica caer en el peligroso discurso del ellos y nosotros.
En una dicotomía de invasores e invadidos, ¿de qué lado te vas a poner? No se admiten matices cuando la vida está precisamente llena de ellos.
Se puede defender Ceuta y a la vez los derechos de las personas migrantes que llevan desde el 30 de julio en las calles de la ciudad. Se puede defender los derechos de los niños y niñas de Ceuta y a la vez los de los niños y niñas que vagan por las calles de la ciudad. Se puede defender el derecho a una vida en paz para los ceutís y también defender el derecho a la dignidad de las personas, adultas y menores, que entraron de manera irregular el 30 de julio.
No hay que elegir.
Aunque hay quienes quieren que se elija, quienes han puesto valores diferentes a las vidas según sean ellos o nosotros.
Migrantes, invasores, evitar utilizar cualquier denominación que pueda acercarlos a nosotros, a ser personas. Esa es la consigna. Amparados por un relato de defensa de la integridad nacional ante una invasión, el relato de protegernos del invasor, ante un acto de guerra se justifica todo.
La historia se repite y siempre sigue la misma secuencia. Lo primero es despojar de naturaleza humana al invasor, deshumanizar al otro hace más fácil atacarlo, negarle el auxilio y arrinconar cualquier conato de empatía. Si no son personas como nosotros, si no son niños o niñas como nuestros hijos e hijas no merecen que se les trate como tales. Aunque eso implique negarles algo tan básico como la comida.
Se deshumaniza al invasor, aunque sean niños, y se castiga a quienes tratan de poner cordura o humanidad, o con nosotros, los buenos, los invadidos, o con los invasores y si estás con ellos, eres un traidor y con los traidores todo vale.
Viendo las imágenes del ataque a la diputada ceutí y a los dos activistas pienso, ¿qué habría pasado si los hubieran sacado del vehículo? Probablemente los hubieran linchado, los hubieran matado. Porque, ¿qué pretendían si no?
La respuesta nos apela a todos y a todas, cada uno en su nivel de responsabilidad. Y confieso que me da miedo las respuestas. Seguro que hay quienes justificarían la agresión, ante una invasión ya se sabe. Pero pienso en quienes, con más miedo a los que consideran “los suyos” que vergüenza condenarían, lamentarían, incluyendo un, pero, un matiz, un mezclarlo todo como ya han hecho.
Están engañando a los ceutís, alimentando bulos y mentiras por un electoralismo tan peligroso como nauseabundo cuando se pone en riesgo la vida y la convivencia, presente y futura, de Ceuta.
Las palabras no son inocuas y la responsabilidad es de quienes desde su tribuna pública alientan este discurso para rebañar un puñado de votos utilizando la comprensible desesperación de la población de Ceuta.
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