Decía ayer la flamante premio Príncipe de Asturias de la Concordia Caddy Adzuba que Occidente ha actuado como si el Ébola fuera un problema de pobres, de África y los africanos. Comparto este pensamiento de Caddy Adzuba.
Cuando el mes de marzo ONG llamaron la atención sobre lo que estaba pasando en los países más pobres del mundo pocos hicieron caso, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) no decretó la situación de alerta hasta final de este verano. Hace muchos meses que, cuando apenas se oía hablar del virus del Ébola por estos lares, el virus de marras ya había puesto en jaque los sistemas de salud y al conjunto de los países de África Occidental.
10.114 casos confirmados en Guinea, Liberia y Sierra Leona y 4.912 muertes en esos tres países son las cifras que publica hoy la OMS.
Lo siento si parezco dura, pero haciendo un repaso a la memoria, puedo asegurar, sin miedo a equivocarme, que he escuchado muchísimas más veces que no habría que haber repatriado a los misioneros porque nos trajeron la enfermedad o incluso mostrar indignación por el sacrificio del pobre perro de la auxiliar de enfermería contagiada por el virus Ébola que las que he oído reclamar recursos y medidas para detener la epidemia en los países de África Occidental.
Las estimaciones más duras, y que parece –ojalá- no se harían realidad, hablan de cientos de miles de personas infectadas a inicio de 2015 de mantenerse la baja respuesta mantenida hasta que nos dimos cuenta de que aunque miremos hacia otro lado, el Ébola está ahí debajo.
Pocas cosas tienen más alcance global que la salud y la enfermedad. Un virus, algo invisible al ojo humano es capaz de desatar miedos y temores solo comparables a los que generan las guerras cuando se dan en suelo propio. Salta de un país a otro sin que nadie lo vea, atraviesa fronteras sin visado, sin pasaporte, porque la enfermedad no entiende de africanos y europeos. La salud, en cambio, sí distingue entre lugares de origen. La salud no siempre está al alcance de todas las personas.
La batalla contra este virus nos atañe a todos y todos, empezando por nuestros gobiernos, debemos poner a su disposición los medios disponibles, porque de ello dependen miles de vidas.
Las vidas de quienes están enfermos o en riesgo de estarlo y de los profesionales de la salud africanos que día a día hacen lo posible por salvar vidas poniendo en riesgo la suya. Y quiero destacar también la labor de nuestros cooperantes y misioneros, nuestra mejor marca España, que arriesgando su vida por su compromiso con quienes los necesitan están dando lo mejor de sí y que, a cambio, solo esperan nuestra solidaridad.
@CarlotaMerchn