Hoy, 1 de diciembre, recordamos que el VIH/sida es una realidad cotidiana para 35 millones de personas, que las nuevas infecciones han bajado un 38% desde el inicio de la epidemia, y que queda mucho por hacer por quienes viven hoy con el virus y por quienes esperamos no lleguen a hacerlo.
La enfermedad siempre estigmatiza. Pero unas más que otras, y el VIH es una de las que más, si no la que más. Todo recorte que afecta a los derechos de las personas, se ceba con quienes tienen una enfermedad crónica. Porque no olvidemos que pese a los avances en la terapia, el VIH sigue sin tener cura.
Por eso la importancia de la prevención, de la educación sexual para prevenir enfermedades de transmisión sexual, educar en el sexo seguro. El riesgo de infección vive en el espacio entre saber y confiar. Y eso lo complica todo, porque el amor, las relaciones humanas, se guían por la confianza. Cada uno y cada una somos responsables de nuestra propia salud. Somos responsables de cuidarnos, de protegernos.
Pero no podemos hacerlo solos y solas, el Estado debe poner a nuestra disposición la información y medios necesarios para que lo hagamos y suprimir la educación sexual del currículo escolar no es que ayude. Medidas de prevención, de tratamiento, de protección social que contribuyan a reducir las nuevas infecciones y garanticen una vida digna y el bienestar de las personas que viven con VIH.
Según ONUSIDA 35 millones de personas vivían con el VIH en el mundo en 2013, de ellas 24,7 millones en África subsahariana. 1,5 millones de personas fallecieron en 2013 por causas relacionadas con el VIH 1,1 en África subsahariana.
Como sucede con todo relacionado con la pobreza y la enfermedad, las cifras alcanzan su máximo en el continente negro. Escuchaba decir a Peter Piot, ex director general de ONUSIDA, que de haberse hecho lo suficiente en los años 80, no estaríamos probablemente ante la epidemia que enfrentamos. Ojalá hayamos aprendido la lección.
@CarlotaMerchn