• Han pasado 11 años de aquel 11 de marzo que querríamos no haber conocido. 11 años que han pasado en un chasquido de dedos para la mayoría de nosotros y nosotras. Pero pensemos en todo lo que hemos vivido en estos años, lo que hemos disfrutado, lo que hemos sufrido, cómo hemos crecido, envejecido, visto crecer a nuestros hijos e hijas, cambiado de trabajo, las ciudades que hemos visitado, los amigos, los amores, los éxitos, los fracasos….11 años dan para tanto….

    En eso pienso hoy 11 de marzo. Pienso en lo que han dejado de vivir las 192 personas asesinadas aquel , las que no perdieron su vida pero sí han tenido que recuperarla, sus familias, sus amigos… y todo porque la sinrazón y el terror decidieron subirse a aquellos trenes ese 11 de marzo.

    Un año más, se me estremecerá el alma cuando mi tren entre en Atocha esta mañana y mi recuerdo estará con quienes no llegaron. Con ellos y sus familias. No les olvidemos nunca. No olvidemos.

    @CarlotaMerchn

  • Empoderando a las Mujeres, Empoderando a la Humanidad es el lema elegido para el 8 de marzo de este año por ONU Mujeres. Mucho más que un eslogan de día internacional, bien elegido desde el punto de vista comunicativo.

    Las mujeres no somos un colectivo. Somos la mitad de la población, la mitad de la humanidad. Formamos parte de todos los colectivos. Somos madres, jóvenes, niñas, adultas, mayores, gitanas, afrodescendientes, latinas, lesbianas, transexuales, personas con discapacidades. Somos estudiantes, trabajadoras, desempleadas, universitarias. Somos investigadoras, médicas, trabajadoras de la sanidad pública, de la educación pública, de la justicia, de la limpieza, de mantenimiento…

    Son innegables los progresos en materia de igualdad que hemos alcanzado las mujeres gracias a décadas y siglos de lucha, pero cuando creemos que hemos avanzado y que podemos bajar un poco la guardia pues resulta que aún queda mucho por andar.

    La lucha de las mujeres españolas es la lucha de todas las mujeres. Niñas y mujeres que se juegan la vida yendo a la escuela, yendo a buscar agua o leña. Mujeres que hoy en día deben aún caminar detrás de un hombre. Mujeres que deben escuchar que pueden ser violadas sin castigo a los violadores. Mujeres a las que sus compañeros no consideran preparadas para estar en la primera fila, pero sí para trabajar para ellos en la segunda. Mujeres que siguen ganando menos que sus colegas hombres sin otra justificación que la discriminación.

    La igualdad entre hombres y mujeres sigue siendo una asignatura pendiente, también es sociedades democráticas como la nuestra.

    Escribía hace un tiempo Cristina Manzano en ESGlobal que «las estructuras del poder, de todo tipo de poder, y de la sociedad se basan en prioridades tradicionales de los hombres«. Y hoy 8 de marzo, tras una gran (en todos los sentidos) manifestación comparto esa afirmación.

    Tras tanta lucha, a veces pienso que uno de nuestros mayores logros es habernos hecho hueco en un mundo de hombres. Pero que pese a estar ahí, nos está costando convertirlo en un mundo de hombres y mujeres. A veces tengo la sensación de que hemos conseguido adaptarnos a ese mundo masculino, alargando nuestras jornadas de trabajo, compaginando cada una como buenamente puede, la carrera profesional, la vida familiar y otros ámbitos como puede ser el compromiso político. Pero a veces dudo que hayamos conseguido feminizar las dinámicas, las formas de hacer, los modelos de referencia, los ejemplos de éxito.

    Ahora que está tan en boga clamar por los cambios y las revoluciones, me cuesta creer a quienes predican el cambio en masculino. Yo reclamo que el cambio o es con las mujeres o no será. El cambio o es feminista, femenino, o no será.

    @CarlotaMerchn

  • Las imágenes de soldados o miembros del ISIS destrozando las estatuas milenarias del museo de Mosul nos recuerda episodios del pasado no tan lejano, cuando asistimos a la barbarie de los talibanes explotando los budas gigantes de Bamiyán.

    Obviamente no es ni por lo más remoto comparable el dolor que me causa la muerte y el dolor que el ISIS infringe cada día a las niñas y mujeres, hombres y niños con la tristeza de ver saltar por los aires el arte asirio. Las personas siempre por delante de todo.

    Hoy son los soldados del ISIS, ayer fueron los talibanes, las milicias islamistas radicales Malí, igual que se destruyeron y prohibieron arte y literatura en la Europa nazi, la Unión Soviética o en la España franquista. Mismos perros con distintos collares.

    Pueden enmascararlo como quieran, pero siempre es lo mismo. El pensamiento único. Nada que ayude a educar, nada que anime a pensar. Nada de cultura. Nada de educación. Nada de libertad.

    El terror y la intolerancia es su estado natural, el medio en el que mejor se desenvuelven. Sin embargo, con su comportamiento lo que muestran es su miedo más profundo. El miedo a la libertad, que es lo que les hace atacar escuelas, prohibir la música, el cine, la pintura, los libros que hacen soñar, pensar, amar, reir…

    Necesitan el miedo y el terror para sobrevivir porque se saben débiles. Tienen la debilidad de quien solo convence con el miedo y el dolor.

    El dolor frente a la tristeza de que quienes como canta Aute “más que nausea dan tristeza/no rozaron ni un instante/la belleza”.

    No olvido a las niñas secuestradas por Boko Haram #BringBackOurGirls

    @CarlotaMerchn

  • A poco que una persona viaje por estos mundos de Dios, Yavé, Alá, Jehová …. se da cuenta de que las almas puras no existen. Yo lo descubrí hace tiempo, por supuesto después de asistir a la caída de un mito, pero he de reconocer que vivo más tranquila desde entonces.

    Asumir que ni siquiera un bebé se priva de esas pequeñas trampas para conseguir la atención de quienes le rodean, nos pone a las personas en una situación más real, más de pares.

    La vida no es sino ir gestionando del mejor modo posible para nosotras mismas y los demás, esos pequeños o grandes conflictos que encontramos cada día. Y no conozco a nadie de inmaculado expediente, siempre hay mácula por pequeña que sea, y no hace falta esconder medio millón de pichifloros al fisco (eso ya es algo más que una mácula que no está al alcance de cualquiera).
    Por eso esa gran frase, tan grande como poco fina, de que no hay que escupir hacia arriba aplica a quienes se presentan como almas puras, que ya sabemos que no existen así que, ¿para qué emperrarnos en algo que no es?.

    Y así se caen los mitos, cuando descubrimos que también son mortales, que el Olimpo era de aquella manera y poco se diferenciaban sus habitantes del resto del pueblo llano. Aunque hasta en esto hay niveles porque yo me habría dado cuenta de medio millón de pichifloros. Si es que, siempre ha habido castas.

  •  Ya está aquí 2015, y como suele suceder con todo lo que es esperado con anhelo, se encara con iguales dosis de esperanza e incertidumbre.

    2015 es un año crucial en muchos sentidos. Para España, enfrentamos un año repleto de convocatorias electorales con un estado de ánimo y expectación no conocidos probablemente desde transición o las elecciones de 1982.

    Pero hoy me centraré en la agenda global. Hace unos meses escribía sobre la propuesta de Objetivos de Desarrollo Sostenible, la agenda de desarrollo post 2015 que debe debatirse a lo largo de este año para llegar a la Cumbre de Naciones Unidas en septiembre con un listado de objetivos y metas que, en palabras del Secretario General Ban Ki-moon, nos marquen el camino a la dignidad.

    Si en lo nacional tomaba como momentos de referencia para este 2015 la propia transición o las elecciones de 1982, en lo global nos encontramos ante un momento igualmente crucial.

    Es conocida mi admiración por el presidente Franklin Delano Roosevelt (y su esposa Eleanor Roosevelt). Cuando el Presidente demócrata se dirigió al Congreso el 6 de enero de 1941 el mundo enfrentaba la amenaza global de la guerra ante la que no cabía quedarse indiferente. Su discurso de las cuatro libertades marcó un punto de inflexión no solo para la historia de los Estados Unidos sino que sirvió de base para la construcción de la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La libertad de expresión, la libertad de Credo, la libertad de la necesidad y la libertad del miedo.

    Nunca ha progresado la Humanidad como lo ha hecho los últimos 40 años. Sin embargo, la desigualdad en el alcance de los resultados hace que tengamos que abandonar el “business as usual” o más castizamente “el café para todos”. Desigualdad entre países e intra países, y África como asignatura pendiente. Es la región que sigue a la zaga en casi todos los indicadores de desarrollo.

    Enfrentamos antiguos problemas y nuevas amenazas que atenazan la esencia misma de los seres humanos. En el primer mes de 2015 las cuatro libertades de Roosevelt siguen amenazadas en todas partes del mundo. “Las amenazas no respetan las fronteras impuestas por los seres humanos” dice el secretario General. La pobreza, el hambre, la desigualdad, la enfermedad, el cambio climático no hacen distinción entre países. La diferencia está en lo preparados que estemos para enfrentarlos y reaccionar con éxito.

    Y ésta es la tarea que tenemos por delante este año. Acordar entre todas las naciones una agenda de metas, de compromisos y responsabilidades que garanticen una vida en dignidad para todas las personas en todas las partes del mundo sobre los pilares de los derechos humanos, la igualdad entre hombres y mujeres, la paz y el estado de derecho y la sostenibilidad en sus tres dimensiones. Para lo cual es necesario movilizar los recursos necesarios, financiación nacional e internacional, pública y privada. Objetivos comunes y responsabilidades compartidas y diferenciadas.

    Decía que 2015 se nos presenta con iguales dosis de esperanza e incertidumbre. Esperanza porque tenemos la oportunidad de concretar el compromiso con un mundo en el que todas las personas puedan tener una vida digna. E incertidumbre porque ¿estará la comunidad internacional a la altura?

    Y no me olvido de las niñas que siguen secuestradas por Boko Haram. #BringBackOurGirls

    @CarlotaMerchn

  • Lo han vuelto a hacer. Los intolerantes, los que solo quieren convencer con la fuerza y el terror han matado de nuevo.

    No es algo nuevo. Desgraciadamente demasiadas personas mueren cada día víctimas del terrorismo y el asesinato de periodistas se ha vuelto en una macabra constante. Sin embargo hay algo que añade un plus de crueldad a este atentado y es que es que se trata de una ejecución que seguramente quienes trabajan y trabajaban en Charlie Hebdo temían que pudiera pasar; pues es probable que estuvieran condenados hace tiempo, el mismo día en el que publicaron su primera viñeta sobre Mahoma.

    Saben que la prensa libre es inherente a las sociedades libres y eso es precisamente lo que no quieren. Ellos quieren imponer el terror de sus armas, no de ideologías o religiones, el terror por el terror y haciéndolo en el centro de París en un alarde de máxima prepotencia.

    Estos atentados son una bofetada a lo que pueda quedar de nuestra inocencia. Pensamos que estamos a salvo, que aquí no llega el terror. Pero llega y ataca nuestros valores más profundos. En esta ocasión los valores republicanos de libertad, igualdad y fraternidad.

    Distingo dos categorías de personas: las que defienden la libertad y las que la atacan. Y somos más las primeras como se está viendo en las calles de Francia y en el resto del mundo, en los mensajes que inundan las redes sociales. Pero es cierto que sus armas matan y las nuestras no.

    La libertad no puede esconderse, si lo hace, deja de ser libertad. Y los dibujantes, periodistas asesinados no se escondieron, siguieron dando la cara, haciendo su trabajo, poniendo humor y sátira donde otros ponen balas. Y eso para algunos merece la muerte.

    Unida en el dolor al resto de personas de bien, quiero expresar mi solidaridad con las víctimas y sus familias, y con el pueblo francés, mi más profundo rechazo al terrorismo y mi reivindicación de la libertad como único marco de convivencia posible entre los seres humanos.

    Nada, y remarco nada, justifica el asesinato de una persona. No hay ideología, religión, causa que explique una muerte. Nada hay más grande que la vida de una persona.

    No olvido a los policías asesinados mientras velaban por la seguridad de quienes trabajan en la revista. Mis condolencias y reconocimiento para ellos.

    @CarlotaMerchn

  • Hay una noche en la que mi espíritu republicano claudica. Los Reyes Magos siguen fascinándome cada cinco de enero en las cabalgatas que recorren las calles de barrios, pueblos y ciudades.

    Me emociono al ver pasar a Melchor, Gaspar y Baltasar en sus carrozas, da igual lo ostentosas o sencillas que éstas sean. Yo soy de Baltasar y de esas que salta y grita hasta que al mago no le queda de otra que saludarme.

    No entiendo a quienes confunden churras y merinas y en un arranque de estupidez dicen no comulgar con los Reyes porque, resumiendo, también son casta-caspa. Pues eso, simple estupidez.

    Negar a los Reyes Magos es negar una parte de nosotros mismos, ese recoveco de inocencia que nos queda, esa ilusión por dar y recibir, por la sorpresa, por la alegría que sentimos al ver la que provocamos en quien tenemos enfrente. La fiesta de Reyes trasciende la religiosidad y las ideologías, al menos así la entiendo yo.

    Pienso que nada justifica privar de esa ilusión que nos ha acompañado a todos y todas en nuestra infancia. Creo que cada niño y cada niña deben recibir la visita de los tres Magos de Oriente.

    Le explicaba a mi hija que son el amor y la solidaridad lo que hacen que la noche del cinco de enero sea mágica. Que la magia está en nosotros y nosotras en una noche de mágica complicidad para, nada más y nada menos que, provocar la alegría y la sorpresa en quienes queremos.

    Por eso doy las gracias a quienes se han movilizado, nos han movilizado, para hacer posible que niños y niñas cuyas casas casi se habían borrado del callejero de Melchor, Gaspar y Baltasar sigan creyendo en la magia de los Magos.

    ¿Cómo no voy a creer en los Reyes Magos? No hacerlo sería como asumir que las personas somos incapaces de hacernos felices unas a otras siquiera una noche al año.

    Por eso creo en los Reyes Magos. Porque creo que las personas de bien somos felices cuando hacemos que lo sean también quienes nos rodean. Aunque sea una noche al año.

    Y como decía aquel Baltasar con acento cubano, que se parecía sospechosamente al padre de mi amiga Nerea: a dormir con los puñitos cerrados.

    @CarlotaMerchn

  • Toca hacer el obligado repaso del año, pensar en lo que hemos hecho o dejado de hacer en este 2014. 12 meses dan para mucho y es momento de hacer balance del año casi pasado y de hacer propósitos para el que vamos a comenzar. Es cuando nos damos cuenta de todos los registros que tenemos guardados en nuestra retina y en nuestra memoria.

    Registros que en muchos casos, al menos yo, pensábamos que no nos tocaría (re)vivir. En muchos momentos de este año me he sentido como si hubiera ido hacia atrás en el tiempo, como si los avances y cambios que veníamos viviendo hubieran sido un sueño, unos momentos de gracia que los dioses del Olimpo nos concedieron a los pequeños seres mortales. Momentos y acontecimientos que no situaría en el siglo XXI e imposible repasarlos todos en un post.

    Hemos salido a las calles a defender la educación pública, la justicia aquí y la justicia universal. Cada tercer domingo de mes hemos recorrido las calles de Madrid defendiendo la sanidad pública para todos y todas.

    Jóvenes emigrando a la Europa del norte en busca de un futuro; miles de desahucios, de familias que dependen de la caridad para sobrevivir. Una desigualdad cada vez mayor, que marca desde la cuna las opciones de unos y otros.

    Miles de personas siguen intentando llegar a la Ítaca europea huyendo del hambre, la pobreza y el conflicto y miles se han dejado la vida en el Mediterráneo. 15 murieron en una playa española dejándonos una de las imágenes más crueles de las que hemos sido testigos este año.

    31 años después de que conociéramos el VIH, un virus letal y sin control se expande por África Occidental con una más que lenta respuesta internacional dejando un número intolerable de personas muertas e infectadas. Un virus que se asomó a nuestro país con un espectáculo más digno de una película de Berlanga que de un Estado hecho y derecho.

    En esta era en la que parece que viviéramos en un Gran hermano global desaparecieron (y siguen desapareciendo) las niñas secuestradas por Boko Haram en Nigeria sin que nada ni nadie parezca ser capaz de devolverlas a sus casas.

    Porque la violencia contra las mujeres persiste en todo el mundo. A día de hoy, 59 mujeres han sido asesinadas en España víctimas de la violencia de género. La igualdad dejó de ser una prioridad política. Supongo que para algunos también en esto estábamos por encima de nuestras posibilidades.

    Testigos en la distancia de tensiones raciales en Estados Unidos, del conflicto en Ucrania en una reminiscencia de otros tiempos cuyo fin celebrábamos al recordar los 25 años de la caída del Muro. Testigos de una nueva ofensiva criminal de Israel sobre Gaza que nos conmovió una vez más y especialmente por el número de niños y niñas muertos.

    Me cuesta encontrar una noticia positiva en este 2014 que concluimos. Me quedo con la solidaridad que está sosteniendo lo que el Estado está abandonando. A los ciudadanos y ciudadanas sí nos importan los demás. Una vez más, estamos por delante de nuestros gobernantes.

    Tengo esperanza en 2015. Tres citas clave: mayo (elecciones municipales y autonómicas), septiembre (aprobación de la agenda de desarrollo post2015) y noviembre (elecciones generales). Y mucho trabajo cada día en defensa de los más vulnerables, de la libertad, la justicia y la solidaridad. Confío en lo que seremos capaces de alcanzar en un año en el que nos jugamos mucho, como ciudad, comunidad, país y humanidad.

    Y para terminar, una frivolidad. Alemania volvió a ganar un Mundial. ¿Verdad que 2014 ha sonado como a tiempos pasados?

    @CarlotaMerchn

  • Todos los calificativos que conozco se quedan cortos para la matanza de Peshawar cometida por un grupo de talibanes de más de 140 personas asesinadas, la mayoría niños y niñas que para esos seres (me niego a denominarlas con el mismo nombre que a los fallecidos) habían cometido el delito de acudir a una escuela.

    Ya he comentado otras veces que el terror no puede justificarse nunca, por eso quienes ayer entraron en esa escuela paquistaní con el objetivo de causar el mayor número posible de víctimas no merecen más que mi rechazo más absoluto.

    Sabían lo que hacían. Saben que la educación es la llave que abre a las personas a la libertad, lo que a todas luces les aterra.

    Saben que las personas libres reclaman sociedades libres, sociedades igualitarias en las que no tienen cabida los integrismos, la intolerancia y en las que se pone en evidencia la inconsistencia y debilidad de aquellos que se erigen en guardianes de la verdad. Saben que no hay lugar para ellos en las sociedades libres.

    No imagino consuelo para esas madres y esos padres. No imagino el sentimiento de esos maestros y maestras que cada día acuden a su puesto de trabajo jugándose la vida.

    En esta época de buenos deseos, de reflexiones de final de año, pienso en todo lo que compartimos como humanidad y en todo lo que nos diferencia.

    Pienso en lo distinto que es un acto que nuestros hijos e hijas hacen de manera autómata como es ir al colegio por la mañana para millones de niños y niñas en el resto del mundo. Desde quienes van a sus colegios caminando tranquilamente con sus mochilas a la espalda, a quienes pasan cada mañana bajo un arco de control de metales; quienes deben caminar kilómetros para llegar a su colegio…

    Descansen en paz los niños y niñas asesinados ayer, y todas las víctimas del atentado de Peshawar, del de Yemen y no me olvido de las niñas que son secuestradas en países como Nigeria también por su derecho a la educación.

    Hoy recuerdo con especial emoción la frase de Nelson Mandela “la educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”.

    Es el miedo a la libertad lo que mueve el odio de quienes atentan en Pakistán o en Nigeria y contra ese miedo solo cabe una receta: más educación y más libertad.

    @CarlotaMerchn

  • Ayer tuve el honor de ver “El viaje de Carla”, el documental que Fernando Olmeda ha realizado sobre la vida de mi querida compañera Carla Delgado, Carla Antonelli.

    El viaje de Carla es el viaje a una historia de coherencia, sacrificio, trabajo, activismo y resiliencia. La historia de una mujer inmensa. La historia de una mujer a la que admiro y respeto profundamente.

    Cuando digo que el viaje de Carla es el viaje de todos y todas, lo hago porque en la historia de Carla está la historia de un país que pasó de ser en blanco y negro a ser un país multicolor, a ser un país más decente al condenar todo tipo de discriminación. Una decencia que muchos no comparten.

    Nunca he podido entender qué pasa por la mente de quienes deciden qué es lo correcto y qué no lo es. No entiendo que alguien decida meter en la cárcel a un hombre por el mero hecho de vestirse como una mujer. Y tampoco entiendo que haya quien lo justifique argumentando que eran otros tiempos.

    Siempre han venido los mismos a por los mismos, a por las mismas, a por el diferente, a encarcelar la diferencia. Aún hoy. Porque todavía hay quien no tolera la diversidad. Esa diversidad que enriquece y que nos hace mejores personas y mejor sociedad.

    Esa diversidad que sigue molestando a algunos, recordándonos que los derechos y libertades hay que defenderlos día a día, que la única intolerancia que debemos permitir es con los intolerantes.

    Porque cuando se produce un acto de discriminación, sea cual sea, nos afecta a todos y a todas. Porque una sociedad que silencia ante una agresión a un niño transexual, a un beso entre hombres o mujeres; una sociedad que calla ante la agresión al diferente sea cual sea su diferencia es una sociedad cómplice.

    Las personas no elegimos cuándo, dónde ni cómo nacer. Nacemos y somos. Y nos vamos haciendo, según vamos sintiéndonos, según vamos conociéndonos, según vamos viviendo.

    Y nadie salvo nosotras y nosotros mismos tiene derechos a entrar y juzgar. Pero sí necesitamos de la acción y el compromiso colectivos para hacer de la defensa de la libertad causa permanente. Porque no puede haber sociedades libres, sin personas libres.

    Gracias, Carla y gracias Fernando por compartir este viaje.

    @CarlotaMerchn