• La neutralidad de propuestas que suponen pasos atrás en la garantía de derechos es algo que cuesta digerir. Un ejemplo es la imperiosa necesidad nacional que parece ser la regulación de los vientres de alquiler o el alquiler de vientres. Todos los días y a todas horas y utilizando de manera perversa la libertad y los derechos. Pero, ¿de quién y para qué?

    En mi opinión estamos ante una de las mayores, si no la mayor, expresiones del capitalismo: tengo un deseo y si puedo permitirme económicamente hacerlo realidad, lo haré.

    Vivimos en una sociedad de consumo en la que todo se puede conseguir si se puede pagar por ello; una sociedad en la que desde niños se educa para conseguir todo aquello que se desea y no para aprender a gestionar las pequeñas o grandes frustraciones que puede suponer la no satisfacción de todos nuestros deseos.

    Me preocupa esta confusión entre deseos y derechos que pone sobre la mesa el debate sobre los vientres de alquiler o alquiler de vientres.

    Para alguien de izquierdas resulta muy difícil entender que el Estado pueda dar cobertura a una actividad que se sustenta en la desigualdad entre seres humanos. Por favor, dejemos el cinismo a un lado. No hay altruismo en los vientres de alquiler. 

    No hace mucho que desapareció la figura de las amas de leche. La solidaridad entre mujeres mayoritariamente de clase humilde hacía posible que otras mujeres amamantaran las criaturas de las madres que no tenían leche suficiente o no de la calidad adecuada. La sororidad salvaba esas criaturas y a sus madres. Una versión primigenia de lo que serían hoy los bancos de leche materna.

    Sin embargo, no fueron pocas las mujeres de clase humilde que encontraron en el amamantamiento una posibilidad de ingresos por ejemplo formando parte de los batallones de amas de leche de los expósitos o casas cunas.

    También las amas de leche eran utilizadas por las mujeres de familias con recursos como un modo de liberarse de la carga de la lactancia y evitar las consecuencias físicas de la misma. A estas amas de leche se las pedía un riguroso historial médico y de decencia y recibían a cambio buena alimentación, un techo y un salario más bien escaso. Y lo hacían en muchos casos arriesgando la lactancia de sus propias criaturas.

    Me espeluzna pensar que se pueda aplicar la lógica de la oferta y la demanda a todo. Y lo que me espeluzna más es que casualmente esto siempre sucede con cuestiones relacionadas con los derechos de las mujeres. Por eso ya el toque final lo ponen quienes pretenden que el alquiler de vientres es un paso adelante en el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo.

    Efectivamente cada uno de nosotros y nosotras podemos hacer lo que queramos con nuestro cuerpo. Ahora bien, lo que no podemos pretender es que se de cobertura legal. Desde luego, no desde los principios y valores de la izquierda.

  • «A humanitarios y solidarios no nos gana nadie”. Esta afirmación la ha pronunciado el Ministro del Interior con motivo de sus declaraciones respecto a una posible reducción de las cuotas de acogida que podría aplicar la Comisión Europea a los Estados Miembros.

    Resulta cuanto menos sonrojante que un Ministro del Gobierno que preside Mariano Rajoy ose a hacer semejante afirmación. Podemos recordar las terribles cifras de desigualdad de nuestro país o el número de personas en situación de desempleo que no percibe ninguna prestación que no hablan mucho a favor de la solidaridad nacional. Pero también podemos mencionar que los años de Gobierno de Mariano Rajoy han situado la Ayuda Oficial al Desarrollo en niveles de los años 80 tras recortar su presupuesto en más de un 70%; o el recorte de más del 90% en el presupuesto de acción humanitaria en el momento de la historia en el que la vida de más personas depende precisamente de la ayuda humanitaria. Señor Ministro, estamos muy lejos de ser los más solidarios y los más humanitarios. De hecho, estamos a la cola, Señor Zoido. 

    Quienes vivimos en España somos buenos conocedores del desparpajo que pueden tener este Gobierno y el partido que lo sostiene, pero son muchos más quienes sufren las consecuencias del mismo.

    A 4 de julio, cuando faltan 16 días para que expire el plazo para el reasentamiento de 1.449 personas, solo han llegado 418. A 4 de julio, cuando faltan 84 días para que finalice el plazo, se han reubicado en España 1.070 personas de las 15.888 comprometidas.

    Desde luego, España está muy lejos de cumplir los compromisos de acogida asumidos en el marco del acuerdo del Consejo.

    Este jueves se reúnen los Ministros del Interior de la Unión Europea y parece ser que uno de los temas que estaría sobre la mesa es una posible reducción de las cuotas de acogida. En el caso de España, el Ministro Zoido adelantó que podría quedarse en 7.000-7.500 personas. Aun así, estaríamos muy lejos de cumplir.

    El Gobierno de España debe negarse a esta reducción de cuota. ¿Están a salvo las personas que quedarían fuera de la cuota? ¿Qué va a ser de ellas? ¿Lamentaremos otro invierno más esas imágenes de personas vagando entre la nieve y el barro que recuerdan más a los inicio del siglo XX que al siglo XXI? O, ¿haremos algo para remediarlo?

    Que la Unión Europea premiada con el Nóbel de la Paz, que ha sido recientemente galardonada con el premio Princesa de Asturias de la Concordia claudique ante la insolidaridad de sus Estados Miembros y rebaje el compromiso con la solidaridad y el humanitarismo no solo es un escándalo, sino un fracaso para el proyecto europeo.

    El Mediterráneo otrora cuna de civilizaciones y del progreso de la humanidad se ha convertido en la gran fosa común en la que han perdido la vida en lo que llevamos de 2017 en torno a las 2.247 personas.

    La Unión Europea será lo que sus Estados Miembros quieran que sean, pero la imagen de miles de personas bloqueadas en puertos e islas de Italia y Grecia, la imagen de miles de cuerpos varados en las playas y aguas del Mediterráneo desde luego no es lo que la mayoría de la ciudadanía europea desea para nuestro proyecto común de convivencia.

    Señor Ministro, cuando de ser solidarios y humanitarios se trata, ni perdemos ni ganamos quienes no nos jugamos la vida. Ganan o pierden quienes llevan meses esperando nuestra solidaridad y humanidad.

    @CarlotaMerchn

  • Esta semana se han vaciado las aulas, llegó el merecido descanso después de 9 meses de estudio, exámenes, trabajos y proyectos, madrugones y por delante más de dos meses de tiempo libre y vacaciones. Pero, ¿disfrutan todos nuestros niños y niñas de ese tiempo libre y vacaciones?

    En el país de los 28 con mayor pobreza infantil, nos supera Rumanía, para muchas familias el verano más que una época de disfrute supone una temporada de dificultad. 

    El curso escolar mal que bien puede garantizar unos mínimos de alimentación a través de los comedores escolares, el tiempo se ocupa entre las actividades escolares y alguna actividad deportiva municipal, pero llega el fin de curso y se cierra por vacaciones.

    Nuestro país, al menos por ley, garantiza la igualdad de oportunidades en materia de educación pero una de las cosas de las que te das cuenta cuando eres madre es que la diferencia no está tanto en lo que se ofrece en las aulas como en lo que nuestros hijos e hijas encuentran fuera de ellas. Son las actividades extra escolares las que marcan la diferencia pues el poder adquisitivo, el acceso a la información, los recursos y habilidades de las familias determinan las oportunidades extra de los niños y niñas. 

    Y esta diferencia tiene su principal expresión en el periodo estival. El verano no significa lo mismo para todos.

    Muchos niños y niñas disfrutarán de campamentos con actividades de lo más diverso, aprenderán idiomas en otros países, viajarán con sus familias a la playa, a la montaña, al extranjero y llegarán en septiembre al cole o al instituto con la mochila llena de historias y la vida repleta de nuevos aprendizajes que no están al alcance de todos. 

    Pero hay muchos otros, demasiados, que llenarán su tiempo delante de la tele, encerrados en casa pasando calor, cuidando de sus hermanos, bajando a la calle a hacer tiempo o en el caso de Madrid por ejemplo, yendo a “los chorros de Madrid Río” que son gratis.

    La pobreza infantil no cierra por vacaciones, al contrario, quienes la sufren lo hacen con mayor intensidad. Me parece injusto hacer rankings de urgencia entre grupos en situación de vulnerabilidad, pero sin duda, un país que no sitúa a sus niños y niñas como máxima prioridad se retrata a sí mismo. 

    El derecho a la infancia, a una infancia feliz, sin privaciones y en igualdad de oportunidades debe ser la prioridad de todo Gobierno. 

    El Grupo Parlamentario Socialista presentó en la Comisión de Derechos de la Infancia y la Adolescencia una Proposición No de Ley que fue aprobada el mes de noviembre de 2016 por la mayoría de los grupos para incrementar la prestación por hijo e hija a cargo, incrementar el poder adquisitivo de las familias como la mejor manera demostrada para combatir la pobreza infantil. Disponer de un Ingreso Mínimo Vital que garantice una vida libre de pobreza, en definitiva, el derecho a una vida digna.

    Como en tantas iniciativas aprobadas, falta que quien controla el BOE, el Gobierno del Partido Popular, cumpla y ponga en marcha lo aprobado. 

  • Hoy 20 de junio, #díamundialdelrefugiado

    Nunca antes en la historia de la Humanidad hubo tantas personas desplazadas y refugiadas como hoy, 65,6 millones según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). 1 desplazamiento cada 3 segundos.

    El conflicto en Siria está provocando el mayor desplazamiento de personas de las últimas décadas. Desde el inicio de la guerra más de once millones de personas han abandonado sus hogares, encontrándose la mayoría en Turquía, Líbano o Jordania.

    El bloqueo de rutas como la de los Balcanes donde están atrapadas unas 72.000 personas, las políticas de inmigración y/o asilo restrictivas y la ausencia de vías legales y seguras no reducen el número de personas que tratan de alcanzar Europa, sino que provoca que se recurra a rutas más peligrosas, especialmente para los más vulnerables. Las personas van a seguir buscando la manera de proteger su vida y la de los suyos, nada puede parar a quien le mueve el instinto de supervivencia más básico.

    En lo que llevamos de año, se calcula que han muerto en el Mediterráneo unas 1.700 personas. En 2016 fueron más de 5.000. ¿Cómo puede Europa, cómo puede el Gobierno de España, mirar a la ciudadanía a los ojos ante esta tragedia y simplemente encoger los hombros? Decenas de miles de niños y niñas no acompañados, niños y niñas solos, que en el mejor de los casos sobreviven en campamentos en Italia o Grecia. ¿Es ésta la Europa del Nobel de la paz?

    El 84% de las personas refugiadas están acogidas en países en desarrollo. Son Turquía, Pakistán y Líbano los principales países de acogida de refugiados en el mundo. España en 2016 solo recibió el 1% de las solicitudes de asilo de la Unión Europea y de éstas solo el 3,5% de las peticiones de asilo se materializaron en estatutos de refugiados.

    Faltan 99 días para que expire el plazo en el que el Gobierno de Mariano Rajoy se comprometió a acoger a 17.337 personas procedentes de Siria. Apenas ha llegado el 10%. Y no se ven prisas o presiones en el Gobierno.

    Insisto, estamos muy lejos de estar saturados. Lo que estamos es fuera de servicio.

    El sábado pasado miles de personas (en mi opinión deberíamos haber sido varios miles más) salimos a la calle en Madrid para gritar al Gobierno que #QueremosAcogerYa para recordar al Gobierno que basta ya de excusas, que solo la ausencia de voluntad política explica el incumplimiento de los compromisos.

    El Gobierno de España no puede permanecer impasible por más tiempo. Es urgente que se pongan en marcha las recomendaciones de la Comisión Europea en materia de reubicaciones y reasentamientos. Urge la habilitación de vías legales y seguras que impidan que el Mediterráneo sea una fosa común, que impida el negocio de las mafias que juegan con la vida de quienes huyen en busca de protección. Es una emergencia abordar la situación de la frontera sur.

    El Gobierno debe adoptar medidas urgentes para cumplir los compromisos de acogida y, especialmente, para personas que están en una situación de mayor vulnerabilidad como niños y niñas no acompañados, mujeres o personas LGTBI.

    La complejidad de las crisis humanitarias, la cronicidad de los conflictos y el impacto de fenómenos como el cambio climático son los principales motivos de que nos encontremos ante un drama sin precedentes y debemos preparar nuestro sistema de acogida y los marcos internacionales para los retos futuros. Es tan necesario como urgente revisar y actualizar el sistema de acogida y dotarlo de los medios, recursos e instrumentos adecuados para las necesidades actuales y también para las futuras y nuevas demandas como serán sin duda las de las personas refugiadas por el clima.

    El Gobierno de España debe desbloquear la situación actual y permitir que ayuntamientos y comunidades autónomas puedan dar la respuesta que demanda la ciudadanía. La ciudadanía española quiere acoger y es el Gobierno del Partido Popular quien se lo impide.

    Este año se conmemora el 25 aniversario de la llegada a España de las personas refugiadas de la guerra en Bosnia-Herzegovina. En 1992 éramos un país sin experiencia, con un PIB más bajo y una tasa de desempleo similar a la actual. Sin embargo, se puso en marcha el mayor programa de acogida conocido hasta entonces para cumplir con la obligación de socorrer a quienes nos necesitaban, a quienes huían para salvar la vida. La sociedad española sensibilizada entonces con el sufrimiento del pueblo bosnio, como lo está hoy con el del pueblo sirio, dio ejemplo de compromiso y solidaridad.

    Desafortunadamente, hoy no hay un gobierno sensible y comprometido como lo había entonces. El de hoy está fuera de servicio.

    #QueremosAcogerYa

  • Nos hemos estremecido estos días con las terribles imágenes el incendio de la torre Grenfell en Londres. Los últimos datos hablan de hasta 30 personas muertas y más de 70 personas desaparecidas.

    Parece que más de 800 personas vivían en este edificio, personas en su mayoría de origen inmigrante y muy humildes. Parece que los sistemas de alarma no funcionaron. Y parece que ya se había avisado de los peligros que suponía el material de la recubierta del edificio.

    No conocía esta torre, pero me la imagino como esas tantas torres que vemos en las grandes ciudades en las que viven personas muy similares. En muchos casos son viviendas anteriormente ocupadas por las clases obreras locales que han mejorado su situación, dejando ese espacio a quienes estarían en peor situación social y económica. 

    Hay miles de torres Grenfell en nuestros países. Edificios en los que viven personas que pagan en muchos casos precios muy elevados por un techo, en muchos casos compartido y en demasiados casos en unas condiciones muy mejorables.

    No sé si se sabrá finalmente el número de personas fallecidas, ni siquiera si se sabrá cuántas personas vivían allí. Es posible que su situación administrativa haga que algunas personas ni siquiera pidan ayuda o, más dramático aún, que ni siquiera se sepa de su existencia. Albergo la esperanza de que los ayuntamientos tomen nota y presten atención a las torres Grenfell que hay en nuestras ciudades. 

    Que la desgracia se cebe en exceso con los más pobres no es casual, más bien causal. Luchar contra la pobreza y la desigualdad requiere mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos y ciudadanas, entre ellas garantizar una vivienda digna.

  • Los británicos y británicas acudirán mañana a las urnas y, como sucedió en España en marzo de 2004, lo harán en pleno proceso de duelo tras los atentados terroristas cometidos en Manchester y Londres.

    Es difícil calcular el peso que los atentados y la gestión de los mismos pueda tener en la elección de los británicos, pero desde luego, han supuesto un nuevo giro en la ya inusitada campaña electoral introduciendo un elemento de incertidumbre que hace unos días era impensable.

    Cualquiera habríamos apostado a que sería el Brexit, sus consecuencias para la ciudadanía británica, el impacto en la economía y el empleo, en el papel del Reino Unido en la política global, el impacto en las personas británicas que viven en países comunitarios….lo que marcaría la campaña electoral, pero resulta que no está siendo así.

    Quizás algo influya la tan famosa flema británica, pero no deja de asombrarme la naturalidad con la que parece que el Brexit ha sido asumido por la ciudadanía y la clase política británica como realidad a pesar de que poco o nada se sabe aún de las consecuencias, nada positivas según se puede intuir, que la decisión de abandonar la Unión Europea tendrá para el país o de no saber aún si se negociará un soft-Brexit o un hard-Brexit.

    Y así, en medio de esa nebulosa de confusión el debate de la campaña electoral se ha centrado en las cuestiones domésticas, en las que afectan a la vida diaria de los ciudadanos como el empleo, la sanidad, los servicios públicos… recuperando el debate más tradicional entre conservadores y laboristas.

    Tras los atentados en Manchester y Londres el terrorismo y la seguridad han entrado con fuerza en la campaña electoral y en este caso la Premier Theresa May no está saliendo muy bien parada. Los recortes realizados durante su mandato al frente del Ministerio del Interior penden sobre ella como una espada de Damocles al tiempo que la propia Premier clama que “enough is enough” y de que se ha sido demasiado tolerante con los extremistas. ¿Cabría valorar esas afirmaciones como una disculpa o un signo de renuncia a las políticas neoliberales obsesionadas en recortar el gasto público que han llevado a cabo los gobiernos de los que ha formado parte?

    Todo parece apuntar a que, a pesar de una recuperación del voto laborista, los conservadores revalidarían el triunfo. Pero últimamente nunca se sabe. Hay partido hasta el final.

    Desde luego, yo espero que Jeremy Corbyn gane estas elecciones y que lo haga con lo que muchos analistas están llamando despectivamente “el viejo discurso de la izquierda”. Si por viejo discurso de la izquierda se entiende recuperar el valor de los servicios públicos, poner la economía al servicio de las personas, la igualdad de oportunidades, en definitiva, el discurso de derechos, pues bienvenido sea.

    Ilusionar con el discurso de siempre al tiempo que la derecha reivindica también su discurso de siempre. No hay más que ver las últimas propuestas de May para, según ella, luchar contra el terrorismo: ir hacia atrás en derechos humanos; o el anunciado, y al poco matizado, dramático impuesto a la demencia.

    Theresa May no es Margaret Thatcher y ella lo sabe. Pero sus propuestas recogen la lección bien aprendida de la maestra de la más tradicional política Tory. ¿Qué elegirán los británicos? Por si acaso, yo esperaré a dar el resultado por definitivo hasta la mañana del viernes.

  • Para quienes creemos  en el multilateralismo y el internacionalismo, el año 2015 fue, sin duda, un año de reconciliación, de esperanza  con nosotros mismos ante la posibilidad real de  alcanzar, parafraseando al ex Secretario General Ban ki-Moon, un desarrollo sostenible sin dejar a nadie atrás. Un compromiso con la globalización, con el sueño siempre presente de un mundo libre de pobreza y desigualdad.

    Hace apenas dos años, el mundo aprobaba dos de las agendas globales más ambiciosas jamás consensuadas: en septiembre la agenda de desarrollo sostenible 2030 y, en diciembre, el acuerdo de París contra el cambio climático. Sin duda la mayor apuesta  por un mundo interconectado en el que los problemas globales requieren respuestas globales y locales de manera coordinada y con objetivos comunes.

    Sin embargo, el último año se han producido una serie de acontecimientos que amenazan ese espíritu de ciudadanía global que hizo posible llegar a acuerdos tan relevantes para la humanidad presente y futura.

    Me refiero a la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ;, sin duda, uno de acontecimiento más relevantes y con mayor impacto en el contexto global de las últimas décadas.

    El Presidente Trump llegó al poder de la primera potencia mundial con un discurso nacionalista, xenófobo, proteccionista, autárquico, negacionista del cambio climático y claramente belicista, situándose en las antípodas de los principios inspiradores de las agendas de 2015. Por ello, el anuncio más personal que institucional, a mi parecer,  de la Administración estadounidense del abandono del Acuerdo de París no debería sorprendernos pues es coherente con el discurso del miedo que ha entronizado a Trump como presidente de los Estados Unidos.

    Donald Trump ha anunciado recortes en todo lo que él considera gastos superfluos que no redundan en el bienestar de los estadounidenses. Así pues, nada más llegar a la Casa Blanca anunció recortes en política exterior, diplomacia, ayuda humanitaria y ayuda al desarrollo, fondos globales, etc… En definitiva “America First”.

    Las consecuencias de que el segundo emisor de CO2 se retire del mayor acuerdo alcanzado para, precisamente, reducir las emisiones, es un problema para el mundo pero no nos engañemos, es un problema sobre todo  para Estados Unidos. El incumplimiento de las cuotas de reducción puede colocar en la atmósfera 3.000 millones de toneladas de CO2 cada año, con el consecuente impacto que esto tiene en el objetivo de contención del aumento de la temperatura global. Es decir, una irresponsable decisión local con severas consecuencias globales.

    Únicamente dos Estados no firmaron el Acuerdo de París, Nicaragua y Siria, por razones muy específicas. La decisión actual de  los Estados Unidos, aun respondiendo a una decisión personal de quien parasita merced a los cantos melodiosos del populismo, responde a una visión reduccionista de sí mismos y de lo que significa formar parte de un  mundo globalizado, supone uno de los mayores golpes al consenso internacional y por ende a las Naciones Unidas.

    Que Estados Unidos abandone motu proprio el liderazgo de las agendas globales supone un punto de inflexión en la política internacional sin parangón. Sin duda, Estados Unidos acabará arrepintiéndose de este giro de sus políticas.

  • Este 8 de marzo no puedo sino dedicar mi reflexión a las mujeres y niñas que están siendo víctimas de lo que a mi juicio ya es el episodio más vergonzoso y vergonzante de la historia de la Unión Europea.
    El acuerdo que firmó anoche el Consejo de Europa me recuerda a los que se firmaban en siglos pasados y sobre los que, tratando a seres humanos cual mercancías, los Nobles decidían dónde y cómo debían estar pagando a cambio baúles de oro, salvoconductos y acuerdos comerciales beneficiosos al Señor de la tierra en la que se asentarían aquellos que vagaban por las tierras de la Nobleza.
    Miles de hombres, mujeres y niños esperan en las fronteras europeas a que la Europa de los derechos recupere su dignidad y asuma sus compromisos de derecho internacional y la respuesta que reciben es un alto y claro “No vengan”.
    Más de la mitad de los refugiados son mujeres. Mujeres que viajan con solas, mujeres que viajan con sus hijos e hijas, mujeres embarazadas, niñas que viajan solas. Y si la situación de las personas refugiadas es de extrema vulnerabilidad, ésta se exacerba cuando hablamos de mujeres y niñas refugiadas.
    La revictimización de las mujeres es, desgraciadamente, es una constante. Toda situación de crisis se ceba con las mujeres y los conflictos bélicos y los desplazamientos que provocan son una de las situaciones en las que esta revictimización se hace más visible.
    Las rutinas del viaje y de la vida en los campos no son ajenas a las discriminaciones que sufren las mujeres, al contrario, las vulnerabilidades de las mujeres y las niñas se acentúan y refuerzan el abuso y explotación de los que suelen ser víctimas los refugiados.
    Los relatos de mujeres que en su huida del horror y del sufrimiento se ven de nuevo amenazadas por refugiadas y por su condición de mujer, que cuentan historias de violencia, agresiones físicas y sexuales durante su desplazamiento y en los campos. Los relatos de mujeres refugiadas que no se atreven a dormir en los campos por miedo a ser agredidas sexualmente, de mujeres que cada día pelean casi literalmente por conseguir alimentos para sus hijos e hijas, relatos de matrimonios forzados de niñas a cambio de “seguridad”. El relato de mujeres que en su país habían conseguido ser libres, tener una vida propia que han perdido y cada día ven más difícil recuperar.
    En este 8 de marzo, día internacional de la mujer, no puedo evitar sentir dolor, rabia y mucha vergüenza como europea. Me costaría enfrentar la mirada de esas mujeres valientes que han dejado atrás su hogar, su historia y su vida y se echan su familia a la espalda en busca de una vida en paz.

    @ CarlotaMerchn

  • Ayer sábado visité el barrio de Castilla en el distrito de Chamartín. De la mano de los compañeros y compañeras de la Agrupación Socialista de Chamartín y de Tito, Blas y Mª Jesús de la Asociación de Vecinos San Cristóbal paseé las calles de la Colonia homónima en la que ya quedan pocos de los trabajadores de la EMT que dieron el sobrenombre al barrio, “Colonia de la EMT”. En el colegio ya no se oyen gritos de niños y niñas y no porque sea sábado sino porque un día se cerró por falta de niños y niñas, pero aunque estos han vuelto no lo ha hecho así el colegio pese a las promesas realizadas. De dotaciones deportivas y culturales ni hablamos, claro.

    Ironías de la vida, por la colonia de la EMT ya solo circula un autobús, el 66. El transporte es mejorable. La estación de Chamartín está cerca, pero los accesos son para aventureros y valientes.

    Mª Jesús nos enseña el túnel que se inauguró hace años por todo lo alto y que iba a comunicar las torres con la estación de Chamartín. Hoy es el refugio de familias que han instalado en él su residencia, porque llamarlo vivienda sería mucho llamar.

    El mercado con su media docena de puestos abiertos y una planta cerrada; la peluquería de Marisol que añora tiempos mejores y alaba la tranquilidad y armonía del barrio; y José Mª el panadero, que nos anima a trabajar, hay mucho por hacer.

    Terminamos la visita en el local de la asociación. En las vitrinas trofeos deportivos y Tito muestra con orgullo el premio recibido décadas atrás, cuando estas cosas se reconocían, a la asociación más combativa.

    La colonia de San Cristóbal, vigilada por las cuatro torres, es como un oasis frente al bullicio que a escasos metros transcurre por la Castellana. Cuando se habla de Chamartín la imagen que viene a la cabeza para quienes no conocen el distrito es el de un distrito opulento, pero todo Norte tiene su Sur. En Chamartín, conviven barrios con altísimo poder adquisitivo con otro barrios como San Cristóbal donde las inversiones públicas han ido bajando y bajando.

    Contrastes que se dan en las grandes ciudades y que desde el Partido Socialista queremos romper.

    @CarlotaMerchn

  • “Como continente que pasó de la devastación a ser una de las economías más poderosas del orbe, que cuenta con los sistemas sociales más progresivos, que es el mayor donante de ayuda del mundo, tenemos una responsabilidad especial frente a millones de personas necesitadas.”

    Esta frase fue pronunciada por el entonces Presidente de la Comisión Europea José Durao Barroso en el discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz concedido a la Unión Europea en 2012.

    Sin embargo tres años después de que estas palabras fueran pronunciadas con el asentimiento de los Primeros Ministros presentes en Oslo aquel 10 de diciembre las imágenes de miles de personas intentando entrar en esta Unión Europea no parecen muy coherentes con esa responsabilidad referida en el discurso.

    Europa está asistiendo a la mayor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial. Miles de personas se agolpan en nuestras fronteras, miles son rescatadas prácticamente a diario en el Mediterráneo, el mar cuna de nuestras culturas que hoy se asemeja a una fosa común para quienes huyen de la guerra, la violencia y la pobreza.

    Huelga decir que las instituciones y gobernantes europeos se encuentran totalmente desbordados no solo por la cantidad de personas que se agolpan ante nuestras fronteras sino, lo que es realmente grave, por la ausencia de un discurso común y el incumplimiento del derecho de asilo.

    Quienes llaman a nuestras puertas son personas que huyen de guerras y conflictos en los que sufren persecuciones y que ponen en peligro real sus vidas y derechos fundamentales. Y la respuesta europea es lenta e insuficiente. 

    No se trata de ser solidarios o caritativos. La acogida de refugiados está contemplada en el Derecho Internacional. Los Estados están obligados a asistir a las poblaciones más necesitadas y utilizar gases lacrimógenos, pelotas de goma o simplemente pedir que no se realicen rescates en alta mar no solo constituyen actos de falta de humanidad, sino violaciones de las leyes de las que nos hemos dotado como comunidad internacional.

    Como ciudadana europea me duele y me abochornan las imágenes de padres y madres cuyos rostros reflejan el dolor, el sufrimiento y la angustia de quienes han abandonado todo por algo «tan simple» como salvar su vida y la de sus hijos e hijas siendo conscientes de que su Ítaca-Unión Europea no se lo va a poner fácil, más bien al contrario. En su situación yo también cruzaría el Mediterráneo o las vallas de espino de Macedonia.

    Escuchar a estas personas decir que nada puede ser peor que lo han dejado en su país de origen debería servir no solo para que los gobiernos europeos se sienten a estudiar programas y medias de acogida sino para repensar el papel de la Unión Europea en la política internacional, en la resolución de los conflictos y la pobreza que generan el desplazamiento de miles de personas.

    Hace años que Europa no termina de encontrarse a sí misma y es precisamente en la cultura de paz, la defensa de los derechos humanos y el desarrollo donde debería encontrarse y donde la anhelan quienes lo dejan todo por llegar a ella.

    Concluyo con otro extracto del discurso de recepción del premio Nobel de la Paz. “El compromiso concreto de la Unión Europea a escala mundial está profundamente marcado por la trágica experiencia que para nuestro continente han supuesto los nacionalismos exacerbados, las guerras y la Shoah, encarnación suprema de la maldad, y se inspira en nuestro deseo de evitar que vuelvan a cometerse los mismos errores.”

    Que así sea.