Asistimos estos días con asombro al juicio a “La manada” por la supuesta violación colectiva de una joven de 18 años en San Fermines de 2016.
Entiendo que es obligación de la defensa intentar, por todos los medios legales posibles, conseguir la exculpación de sus defendidos. Pero lo que escapa a toda mi razón es que un juez de 2017 acepte como prueba un video sobre la vida posterior a la violación de la víctima cuyo propósito no es otro que demostrar que lo que le pasó tampoco fue para tanto, que la chica no ha quedado traumatizada, ni su vida destrozada.
Ya habíamos escuchado lo de no juntó suficientemente fuerte las piernas, no gritó mucho, no dijo no las suficientes veces, iba vestida de manera provocativa, había bebido… pero lo que juzgar una víctima por su vida posterior es el más difícil todavía.
Se pretende juzgar a la víctima por su comportamiento posterior a la supuesta violación y a partir de ahí estimar cuál pudo ser su actitud aquella fatídica madrugada y demostrar que en realidad se lo buscó y ahora quiere destrozar la vida de cinco hombres que solo querían disfrutar de la fiesta.
No estaba en aquel portal, pero lo que tengo claro es que una chica de 18 años difícilmente tenía algo que hacer por defenderse frente a un grupo de 5 hombres. Estaba perdida desde el momento en el que ellos tenían claro su propósito. Solo atino a pensar que esta chica estaba allí de cuerpo presente, suplicando que terminara pronto y rogando por salvar la vida, aunque ésta quedara dañada para siempre. Lo que no pensaría es que también sería dañada por la duda y los prejuicios.
El machismo y la cultura patriarcal son gigantes poderosos que impregnan todos los ámbitos de la sociedad, siglos de construcción de un modelo de sociedad en el que las mujeres están bajo sospecha, en todo.
La cultura de la violación se cuela en nuestras casas cada día de forma explícita pero también de modo sutil; en esa escena “romántica” en la que el galán acorrala a la bella protagonista contra la pared para besarla apasionadamente mientras ella dice no; en la cosificación del cuerpo de la mujer utilizado como reclamo publicitario para todo; cuando la recompensa al trabajo bien hecho o el colofón de un día de fiesta es “irse de putas” pagando para que esas mujeres hagan lo que el cliente diga.
Me pregunto cuándo, o si, llegará el día en el que nos demos cuenta de que todo gesto, toda imagen, todo comentario, por pequeño o nimio que parezca, suma o resta en el camino hacia una sociedad de igualdad entre hombres y mujeres.
Me pregunto cuándo,o si, entenderán que nada cae en saco roto, que el machismo aunque se presente jocoso, sigue siendo machismo.
Seguro que no soy la única a la que le han dicho en más de una ocasión eso de que “siempre estás con la escopeta cargada” quienes aún parecen pensar que las mujeres vemos los gigantes del machismo donde en realidad solo hay molinos de actitudes inocentes y naturales.
Pero actitudes como la del juez que ha admitido como válida semejante prueba no hacen sino confirmar que las mujeres seguimos enfrentándonos a gigantes.
Hermana, yo sí te creo.
@CarlotaMerchn