Se dice que el 7 de abril de 1994 Dios se fue de viaje en Rwanda. Es la fecha oficial del inicio del #genocidio tutsi. Medio siglo después de que la humanidad entonara aquel “nunca más” tras el holocausto judío, durante cien días más de un millón de personas fueron asesinadas en el país de las mil colinas. Y lo fueron ante la mirada impávida del mundo que se escandalizaba más por la crueldad de las imágenes que por la inacción de la comunidad internacional. 32 años después #Rwanda es un país muy diferente, pero el mundo sigue siendo testigo y cómplice silencioso de barbaries y genocidios como el de Gaza. #Kwibuka significa “recordar” en kinyaruanda y es la palabra con la Rwanda conmemora el genocidio. Recordar, memoria para las víctimas, las supervivientes. Memoria para prevenir y no repetir.
¿Puede haber un argumento más arcaico que aferrarse a que las cosas se hacen así desde hace 500 años? ¿Os imagináis que lo usemos para todo?
La tradición que defienden estos hombres es la del machismo, perpetuar el veto a las mujeres a espacios que les permitan mantener sus privilegios. Lo vistan de cofrade o de lagarterano.
Las tradiciones creadas en épocas en las que las mujeres eran un mero accesorio en sociedades masculinizadas, seres vivos sin voz y mucho menos sin voto son las que un grupo mayoritario de cofrades de Sagunt han utilizado para mantener su club de hombres haciendo cosas de hombres.
La cofradía de la Puríssima Sang es un ejemplo más de que la igualdad es un camino que debe ser trabajado y mantenido día a día. Un camino que se da por construido y no se mantiene se echa a perder y no nos lleva al destino.No es el primer caso, ni seguramente será el último. Conozco alguno y también entonces fueron los más jóvenes los que mostraron añoranza del pasado. Hombres jóvenes que quieren aquello que sus abuelos y padres asumieron, con mayor o menor gusto, debían compartir con sus iguales mujeres.
Compartir es jodido, no es algo que salga de manera natural. No hay más que asomarse a un parque infantil ¿quién se baja del columpio o comparte sus juguetes motu proprio? Estoy yo. Es mío. A compartir se aprende, se educa. Y al igual que en un parque infantil suele haber una persona adulta que ayuda a aprender, cuando son personas adultas, personas, las que no comparten, el Estado debe ayudar a educar y acompañar en el proceso de aprendizaje.
Lo resumiría de manera simple para que lo entiendan: si no compartes, no hay parque; si no hay igualdad, no hay espacio público.
Supongo que encontrarán alguna cueva en la que procesionar.
Handout picture released by the Argentine Senate press office shows Argentine Senator Patricia Bullrich, leader of the ruling party bloc, celebrating after the senate approved the labor law reform promoted by Argentina’s President Javier Milei at the National Congress in Buenos Aires on February 27, 2026. (Photo by LUCIANO INGARAMO / COMUNICACIÓN INSTITUCIONAL SENAD / AFP) / RESTRICTED TO EDITORIAL USE – MANDATORY CREDIT «AFP PHOTO / Luciano INGARAMO – Comunicacion Institucional SENAD / HANDOUT / » – NO MARKETING NO ADVERTISING CAMPAIGNS – DISTRIBUTED AS A SERVICE TO CLIENTS
¡Que se jodan! Una de las imágenes políticas que más me han impactado ha sido el momento en el que la diputada del partido popular gritaba ¡que se jodan! cuando el presidente Mariano Rajoy anunciaba recortes en las prestaciones por desempleo en 2012 en medio de la fatal crisis económica que vivía el país.
Son las palabras que imaginé en la cabeza de la senadora Patricia Bullrich celebrando la aprobación de la dramática reforma laboral de Argentina.
Argentina ha aprobado una reforma laboral que supone un retroceso de 50 años en derechos laborales. Una reforma laboral vista con admiración por los amigos y amigas de Milei en España.
Aplaudir la aprobación de medidas que golpean a los más vulnerables, dejándolos en situaciones críticas, comprometiendo su presente y su futuro solo puede hacerlo personas crueles.
Las mismas personas haciendo lo mismo en lugares diferentes. Utilizan eufemismos como dinamización de la economía, modernización del mercado laboral o flexibilización desde sus posiciones de poder y comodidad para joder a los más vulnerables. Y para más inri añaden que eso es libertad.
Resuenan también otras palabras al hilo de esto. En este caso de esperanza, las palabras de Dolores Fonzi al recoger el premio Goya “ustedes que aún están a tiempo”. Lastimosamente el ser humano tiene dificultades para aprender de los errores ajenos, pero sí deberíamos recordar la experiencia propia.
Al ver la foto de los premios al talento culinario he pensado automáticamente en las cocinas de este país, en esas tardes de domingo preparando los túper para la semana y la imagen tenía rostro de madre.
Es cierto que las cosas van cambiando y precisamente por eso chirrían aún más imágenes como la que ilustra este comentario. Quién sigue ocupando los espacios públicos y privados.
Se acerca la semana del 8 de marzo y veremos muchas noticias sobre las mujeres más poderosas en todos los sectores, veremos mucho violeta y oiremos una frase que particularmente me revienta “el futuro es de las mujeres”. Las mujeres queremos el presente, queremos las fotos de todos los días.
Escuchaba hace un par de meses a David Trueba hablar sobre la relación entre el cine de súper héroes y el fascismo y me hizo pensar. Individuos que se dicen servir a un bien moral superior, que ejercen su poder sin restricciones, aunque implique saltarse las normas comunes de convivencia.
Hombre solos (o en grupo, pero con un jefe) que se presentan como los que pueden resolver, generalmente mediante el uso de la fuerza, problemas colectivos que los gobiernos son incapaces de resolver, casi siempre relacionados con el orden y la seguridad. Mucha testosterona, masculinidad belicosa con una puesta en escena de culto a la fuerza y a la autoridad.
Individuos a los que les sobran las normas para imponer el orden que consideran oportuno y en el que no suelen encajar los seres diferentes que no se ajustan a su patrón. Hombres fuertes que no dudan, que siempre tienen la razón y son capaces de retorcer las palabras y la realidad para que refleje su verdad.
El mensaje que subyace suele ser el mismo: el sistema, la democracia, no es eficaz. Es más, molesta y puede ser un problema.
Vivimos tiempos en los que cuesta identificar si es la realidad la que inspira a la ficción o a la inversa. Pensemos por ejemplo en la imagen de Greg Bovino con ese abrigo evocando al offiziermantel de los oficiales de las SS o de personajes de historias de super héroes añadiendo un toque aún más siniestro si cabe a la brutalidad del ICE.
Las imágenes que estamos viendo estas semanas en Minneapolis bien recuerdan a películas que nos presentan el futuro como distopías. Grupos de matones convertidos en la autoridad con patente de corso, asesinatos de civiles, detenciones de niños, personas escondidas por miedo a ser detenidas y todo con un ambiente de frío y nieve que nos lleva de nuevo a lo que hemos visto en la ficción y nos golpea en la cara este enero de 2026.
Llamar a las cosas por su nombre es lo primero para enfrentarlas y lo que está pasando se llama fascismo.
La historia ha demostrado cuán rápido se extiende el fascismo mientras la democracia reacciona. Pensemos que Hitler tardó apenas dos meses en poner en marcha medias contra los judíos que culminaron con el holocausto que recordamos estos días.
ICE out gritan en Estados Unidos. Pero también aquí tenemos seguidores del ICE que no esconden sus intenciones. Solo hay que evitar que puedan hacerlas realidad.
“Podría ser” es la respuesta de Trump a la pregunta de si la Junta de Paz que presentaba el pasado jueves en Davos sustituiría a las ONU
No es un secreto lo que el presidente de los Estados Unidos piensa del sistema internacional. Pero una cosa es no respetarlo y otra distinta es pretender crear un sistema paralelo y de naturaleza privada como parece anhelar Trump.
Para Trump el sistema de Naciones Unidas no funciona, no le es útil y no le rinde la pleitesía que entiende que debe rendirle. El presidente está enfadado porque no entiende que el mundo no se rinda a los pies de quien se ve como una suerte de súper héroe que en 10 meses ha resuelto 8 conflictos que el sistema internacional había sido incapaz de resolver durante décadas.
Merece la pena leer los estatutos de la Junta de Paz. Dejan poco espacio a la duda respecto a las intenciones. Estados Unidos no se irá de Naciones Unidas donde tiene derecho de veto, pero su Junta de Paz es una prueba clara de su firme voluntad de desmantelar la arquitectura internacional.
Artículo 1 de la Carta de la Junta de Paz.
Se trata de una entidad creada por la vanidad y para los intereses de un hombre. Todo depende de la voluntad del Chairman, de Trump y el objetivo es la resolución de los conflictos globales. [Ni una sola mención a Gaza cuya “reconstrucción” se suponía el propósito de la Junta de Paz]
La membresía es a invitación del Chairman por la módica cantidad de 1.000 millones de dólares. El poder de decisión recae también en la voluntad del Chairman.
Estamos viviendo un momento histórico realmente crítico en el que la primera potencia mundial tiene muy claro que el orden actual no responde a sus intereses y lo cambiará por las buenas o por las menos buenas. Lo está haciendo también en su territorio, que cada día recuerda más a un recopilatorio de las distopías que inundan las plataformas de streaming.
Trump tiene muy claro sus objetivos, ejerce una nueva versión del imperialismo del mismo modo que ha ejercido su poder en el ámbito privado.
España se puede sentir orgullosa de la posición coherente y firme de defensa del derecho internacional y la relación en pie de igualdad entre países que mantiene el gobierno. Necesitamos firmeza en los principios del derecho internacional, en el multilateralismo. No se puede dejar espacio a los matones y mucho menos que marquen las normas globales.
Quizás las decisiones de Trump son el revulsivo que haga reaccionar a la comunidad internacional para acometer la reforma necesaria y anhelada del sistema de Naciones Unidas que lo refuerce y lo haga más democrático, más transparente y más eficaz.
Dijo Jean-Baptiste Henri Lacordaire que, “entre el fuerte y el débil, entre el rico y el pobre, entre el amo y el siervo, es la libertad la que oprime y la ley la que libera”.
Estos días estamos asistiendo a un ejercicio práctico de esta cita, una muestra de poder y de fuerza por parte de Estados Unidos que en palabras de su presidente dice no necesitar leyes internacionales.
Desde el más profundo respeto a Venezuela y la situación del pueblo venezolano, poco a poco va creciendo la conciencia de que el árbol venezolano no debe ocultar el bosque que en realidad está ardiendo, el multilateralismo.
El multilateralismo lleva siendo objeto de la ultraderecha y los afines al fascismo [comparto con Siri Husvedt que hay que llamar a las cosas por su nombre] mucho tiempo en Estados Unidos y también en Europa. El desprecio hacia el sistema internacional, los acuerdos globales presentados como derroche, como algo al servicio de las élites y alejado de las preocupaciones y necesidades de la gente buena, su buena gente no es nuevo.
Tampoco es nuevo que las críticas más férreas provengan de quienes más y mayor resistencia han mostrado a reformar el sistema multilateral para asemejarlo a la realidad global del siglo XXI, más democrático, más representativo y transparente.
El Pacto del Futuro aprobado por la Asamblea de las Naciones Unidas el 22 de septiembre de 2024 recoge la renovación del inquebrantable compromiso de actuar con arreglo al derecho internacional, incluida la Carta de las Naciones Unidas y sus propósitos y principios de sus Estados miembros, así como la promesa del inicio de una nueva era para el multilateralismo.[1]
El quebrantamiento del orden internacional no ha comenzado con la intervención de Estados Unidos en Venezuela, el historial es largo, pero nunca con el descaro con el que lo está haciendo la administración Trump, la sinceridad más absoluta respecto a lo que piensa del derecho internacional y, por qué no decirlo, del derecho en general.
Estados Unidos acaba de anunciar que se retira de 66 organizaciones internacionales, entre ellas 31 de Naciones Unidas la mayoría relacionadas con el cambio climático y los derechos de las mujeres, por ser contrarias a los intereses nacionales.
No es nuevo. Una de las primeras decisiones de Trump fue la salida de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Consejo de Derechos Humanos y han ido adelgazando las contribuciones a fondos y programas de los que ahora sale formalmente como son el UNFPA o UN Habitat. Tampoco olvidemos la ausencia de Estados Unidos de conferencias como la última COP en Brasil o la Conferencia de financiación para el desarrollo celebrada en Sevilla.
Sabemos lo que piensa el gobierno de Estados Unidos, pero no está tan claro o que la comunidad internacional está dispuesta a hacer para defender la legalidad, el sistema multilateral y la Carta de la Naciones Unidas. Porque, lo va a hacer, ¿no?
El 31 de diciembre finaliza el mandato de António Guterres al frente de la Secretaría General de las Naciones Unidas y la elección de la persona que le sustituirá en un año cobra aún mayor relevancia.
Este año tocará escribir y conversar mucho sobre esto. Desde ya, espero que a Guterres le sustituya una mujer.
“Puedo mandar una broma, un mensaje, pero de eso a acosar” estas palabras del ya ex presidente de la Diputación de Lugo son el quid de lo que vivimos las mujeres aún en 2025.
No son bromas, no son mensajes, son acoso sin paliativos. Las mujeres no tenemos que aguantar comentarios que son más que inapropiados y que jamás harían a un hombre por muy compañero que sea. No son cumplidos o piropos, son comentarios con una clara intencionalidad sexual que se hacen desde una posición de superioridad masculina, de abuso que suele ir además acompañada de abuso de poder.
“No te pongas así” “No te enfades” “¡Cómo eres!” ¿Cuántas veces hemos escuchado esto cuando hemos reaccionado antes sus bromas y mensajes, ante esos saludos que se prolongan más de lo que pide la cortesía? ¿Cuántas veces nos han hecho sentir como unas bordes histéricas por protestar ante bromas y comentarios que encima quieren hacernos creer que son halagos y muestras de afecto limpio?
Para que esto lleve pasando desde que el mundo es mundo debe haber colaboradores necesarios. Hombres que ríen o callan ante esas bromas y esos mensajes en lugar de cortarlos de raíz desde su masculinidad.
No son cosas de chicas. Es un problema estructural que si se quiere erradicar debe trascender los espacios “de las chicas”. Son los hombres quienes deben sentirse interpelados directamente y entender que el acoso sexual a las mujeres es su problema y son los hombres quienes deben poner pie en pared.
Las mujeres ya no nos callamos, pero no callarse no es suficiente. Denunciar pone luz a hechos y comportamientos, pero necesitamos hechos y comportamientos que reviertan desde la raíz el machismo estructural que enfrentamos las mujeres cada día.
Los hombres deben hacer un ejercicio de honestidad y coherencia. Sin que esto pase seguiremos igual, haciendo operaciones de chapa y pintura, pero, igual.
Tengo la sensación de que no se es consciente del nivel de hartazgo que acumulamos las mujeres, ni de las consecuencias de ese hartazgo. Los derechos de las mujeres están por encima de cualquier estrategia de poder político, son el nivel 0 para construir organizaciones y sociedades libres y democráticas. No se puede esperar que callemos o controlemos nuestro hartazgo para que, en definitiva, ellos sigan manteniendo su poder.
Si esto no se entiende, es que aún estamos peor de lo que parece.
Hace unos años, de manera especial con motivo de la pandemia, la salud mental salió del armario. Tener un problema de salud mental dejó de ser tabú, se hablaba con naturalidad de ir a una consulta de psicología, contar que se había tenido o se tenía un problema de salud mental como la depresión. Sin embargo, la mejor manera de que todo sea igual, es que nada sea diferente y creo que, pasado una primera etapa, se empezó a banalizar con la salud mental llamando y tratando todo igual y, en algunos casos hasta con frivolidad en mi opinión.
Los problemas de salud mental suponen serios incapacitantes vitales para quienes los padecen, son problemas de salud con consecuencias muy serias. Una depresión no es estar triste, un bajón, una esquizofrenia no es un calificativo, es una enfermedad. A veces, hablar mucho de algo es la mejor manera de banalizarlo.
Algo así puede estar pasando con la menopausia. En poco tiempo hemos pasado de no hablar de ella a que sea el tema del que habla todo el mundo y cómo no, hombres que saben mucho de la menopausia, de cómo nos sentimos las mujeres menopaúsicas y cómo gestionar este proceso de nuestra vida física y menocionalmente.
Ya sé que es el maldito algoritmo, pero por todos lados veo anuncios, vídeos, artículos mostrando los parabienes de tratamientos (hormonales y no hormonales), suplementos alimenticios, ejercicios (con 7 minutos al día se te pone un cuerpazo), cómo tener sexo, cómo comer, cómo no beber y un sinfín de pautas para disfrutar del mejor momento de la vida ¡toma ya! Porque los 50 son los nuevos 40 (¿de verdad?) que ni aparentamos.
¿A qué mujeres van dirigidos todos estos mensajes? ¿De qué cabezas salen? ¿Por qué se nos bombardea sobre la menopausia al mismo tiempo que se nos atosiga con recetas para no aparentar precisamente que tenemos la edad de la menopausia?
Si hay un denominador común de la menopausia respecto a otras cuestiones sobre la vida de las mujeres (recordemos los anuncioa de compresas y tampones en los que las mujeres olamos y olemos las nubes) es que una vez más, nos dejan claro que con regla o sin ella, las mujeres debemos estar estupendas, tener éxito, ser super madres, super parejas, super mujeres.
No estoy segura de que realmente se esté normalizando la menopausia, sino más bien que se está abriendo un mundo de mercado para que las mujeres menopaúsicas no nos bajemos del carrusel.
En 2024 el Ministerio de sanidad lanzó la campaña “Hablemos de la menopausia” a la que recomiendo echar un ojo porque habla de la salud de las mujeres en todas sus dimensiones. Porque nuestros cuerpos cambian, nuestras vidas cambian y necesitamos entendernos, comprender esos cambios y hacer que nuestra vida sea lo más plena posible.
Hablemos mucho de la menopausia, pero hablemos con seriedad, con humor, con empatía pero con conocimiento y realismo.