• Para quienes creemos  en el multilateralismo y el internacionalismo, el año 2015 fue, sin duda, un año de reconciliación, de esperanza  con nosotros mismos ante la posibilidad real de  alcanzar, parafraseando al ex Secretario General Ban ki-Moon, un desarrollo sostenible sin dejar a nadie atrás. Un compromiso con la globalización, con el sueño siempre presente de un mundo libre de pobreza y desigualdad.

    Hace apenas dos años, el mundo aprobaba dos de las agendas globales más ambiciosas jamás consensuadas: en septiembre la agenda de desarrollo sostenible 2030 y, en diciembre, el acuerdo de París contra el cambio climático. Sin duda la mayor apuesta  por un mundo interconectado en el que los problemas globales requieren respuestas globales y locales de manera coordinada y con objetivos comunes.

    Sin embargo, el último año se han producido una serie de acontecimientos que amenazan ese espíritu de ciudadanía global que hizo posible llegar a acuerdos tan relevantes para la humanidad presente y futura.

    Me refiero a la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ;, sin duda, uno de acontecimiento más relevantes y con mayor impacto en el contexto global de las últimas décadas.

    El Presidente Trump llegó al poder de la primera potencia mundial con un discurso nacionalista, xenófobo, proteccionista, autárquico, negacionista del cambio climático y claramente belicista, situándose en las antípodas de los principios inspiradores de las agendas de 2015. Por ello, el anuncio más personal que institucional, a mi parecer,  de la Administración estadounidense del abandono del Acuerdo de París no debería sorprendernos pues es coherente con el discurso del miedo que ha entronizado a Trump como presidente de los Estados Unidos.

    Donald Trump ha anunciado recortes en todo lo que él considera gastos superfluos que no redundan en el bienestar de los estadounidenses. Así pues, nada más llegar a la Casa Blanca anunció recortes en política exterior, diplomacia, ayuda humanitaria y ayuda al desarrollo, fondos globales, etc… En definitiva “America First”.

    Las consecuencias de que el segundo emisor de CO2 se retire del mayor acuerdo alcanzado para, precisamente, reducir las emisiones, es un problema para el mundo pero no nos engañemos, es un problema sobre todo  para Estados Unidos. El incumplimiento de las cuotas de reducción puede colocar en la atmósfera 3.000 millones de toneladas de CO2 cada año, con el consecuente impacto que esto tiene en el objetivo de contención del aumento de la temperatura global. Es decir, una irresponsable decisión local con severas consecuencias globales.

    Únicamente dos Estados no firmaron el Acuerdo de París, Nicaragua y Siria, por razones muy específicas. La decisión actual de  los Estados Unidos, aun respondiendo a una decisión personal de quien parasita merced a los cantos melodiosos del populismo, responde a una visión reduccionista de sí mismos y de lo que significa formar parte de un  mundo globalizado, supone uno de los mayores golpes al consenso internacional y por ende a las Naciones Unidas.

    Que Estados Unidos abandone motu proprio el liderazgo de las agendas globales supone un punto de inflexión en la política internacional sin parangón. Sin duda, Estados Unidos acabará arrepintiéndose de este giro de sus políticas.

  • Este 8 de marzo no puedo sino dedicar mi reflexión a las mujeres y niñas que están siendo víctimas de lo que a mi juicio ya es el episodio más vergonzoso y vergonzante de la historia de la Unión Europea.
    El acuerdo que firmó anoche el Consejo de Europa me recuerda a los que se firmaban en siglos pasados y sobre los que, tratando a seres humanos cual mercancías, los Nobles decidían dónde y cómo debían estar pagando a cambio baúles de oro, salvoconductos y acuerdos comerciales beneficiosos al Señor de la tierra en la que se asentarían aquellos que vagaban por las tierras de la Nobleza.
    Miles de hombres, mujeres y niños esperan en las fronteras europeas a que la Europa de los derechos recupere su dignidad y asuma sus compromisos de derecho internacional y la respuesta que reciben es un alto y claro “No vengan”.
    Más de la mitad de los refugiados son mujeres. Mujeres que viajan con solas, mujeres que viajan con sus hijos e hijas, mujeres embarazadas, niñas que viajan solas. Y si la situación de las personas refugiadas es de extrema vulnerabilidad, ésta se exacerba cuando hablamos de mujeres y niñas refugiadas.
    La revictimización de las mujeres es, desgraciadamente, es una constante. Toda situación de crisis se ceba con las mujeres y los conflictos bélicos y los desplazamientos que provocan son una de las situaciones en las que esta revictimización se hace más visible.
    Las rutinas del viaje y de la vida en los campos no son ajenas a las discriminaciones que sufren las mujeres, al contrario, las vulnerabilidades de las mujeres y las niñas se acentúan y refuerzan el abuso y explotación de los que suelen ser víctimas los refugiados.
    Los relatos de mujeres que en su huida del horror y del sufrimiento se ven de nuevo amenazadas por refugiadas y por su condición de mujer, que cuentan historias de violencia, agresiones físicas y sexuales durante su desplazamiento y en los campos. Los relatos de mujeres refugiadas que no se atreven a dormir en los campos por miedo a ser agredidas sexualmente, de mujeres que cada día pelean casi literalmente por conseguir alimentos para sus hijos e hijas, relatos de matrimonios forzados de niñas a cambio de “seguridad”. El relato de mujeres que en su país habían conseguido ser libres, tener una vida propia que han perdido y cada día ven más difícil recuperar.
    En este 8 de marzo, día internacional de la mujer, no puedo evitar sentir dolor, rabia y mucha vergüenza como europea. Me costaría enfrentar la mirada de esas mujeres valientes que han dejado atrás su hogar, su historia y su vida y se echan su familia a la espalda en busca de una vida en paz.

    @ CarlotaMerchn

  • Ayer sábado visité el barrio de Castilla en el distrito de Chamartín. De la mano de los compañeros y compañeras de la Agrupación Socialista de Chamartín y de Tito, Blas y Mª Jesús de la Asociación de Vecinos San Cristóbal paseé las calles de la Colonia homónima en la que ya quedan pocos de los trabajadores de la EMT que dieron el sobrenombre al barrio, “Colonia de la EMT”. En el colegio ya no se oyen gritos de niños y niñas y no porque sea sábado sino porque un día se cerró por falta de niños y niñas, pero aunque estos han vuelto no lo ha hecho así el colegio pese a las promesas realizadas. De dotaciones deportivas y culturales ni hablamos, claro.

    Ironías de la vida, por la colonia de la EMT ya solo circula un autobús, el 66. El transporte es mejorable. La estación de Chamartín está cerca, pero los accesos son para aventureros y valientes.

    Mª Jesús nos enseña el túnel que se inauguró hace años por todo lo alto y que iba a comunicar las torres con la estación de Chamartín. Hoy es el refugio de familias que han instalado en él su residencia, porque llamarlo vivienda sería mucho llamar.

    El mercado con su media docena de puestos abiertos y una planta cerrada; la peluquería de Marisol que añora tiempos mejores y alaba la tranquilidad y armonía del barrio; y José Mª el panadero, que nos anima a trabajar, hay mucho por hacer.

    Terminamos la visita en el local de la asociación. En las vitrinas trofeos deportivos y Tito muestra con orgullo el premio recibido décadas atrás, cuando estas cosas se reconocían, a la asociación más combativa.

    La colonia de San Cristóbal, vigilada por las cuatro torres, es como un oasis frente al bullicio que a escasos metros transcurre por la Castellana. Cuando se habla de Chamartín la imagen que viene a la cabeza para quienes no conocen el distrito es el de un distrito opulento, pero todo Norte tiene su Sur. En Chamartín, conviven barrios con altísimo poder adquisitivo con otro barrios como San Cristóbal donde las inversiones públicas han ido bajando y bajando.

    Contrastes que se dan en las grandes ciudades y que desde el Partido Socialista queremos romper.

    @CarlotaMerchn

  • “Como continente que pasó de la devastación a ser una de las economías más poderosas del orbe, que cuenta con los sistemas sociales más progresivos, que es el mayor donante de ayuda del mundo, tenemos una responsabilidad especial frente a millones de personas necesitadas.”

    Esta frase fue pronunciada por el entonces Presidente de la Comisión Europea José Durao Barroso en el discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz concedido a la Unión Europea en 2012.

    Sin embargo tres años después de que estas palabras fueran pronunciadas con el asentimiento de los Primeros Ministros presentes en Oslo aquel 10 de diciembre las imágenes de miles de personas intentando entrar en esta Unión Europea no parecen muy coherentes con esa responsabilidad referida en el discurso.

    Europa está asistiendo a la mayor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial. Miles de personas se agolpan en nuestras fronteras, miles son rescatadas prácticamente a diario en el Mediterráneo, el mar cuna de nuestras culturas que hoy se asemeja a una fosa común para quienes huyen de la guerra, la violencia y la pobreza.

    Huelga decir que las instituciones y gobernantes europeos se encuentran totalmente desbordados no solo por la cantidad de personas que se agolpan ante nuestras fronteras sino, lo que es realmente grave, por la ausencia de un discurso común y el incumplimiento del derecho de asilo.

    Quienes llaman a nuestras puertas son personas que huyen de guerras y conflictos en los que sufren persecuciones y que ponen en peligro real sus vidas y derechos fundamentales. Y la respuesta europea es lenta e insuficiente. 

    No se trata de ser solidarios o caritativos. La acogida de refugiados está contemplada en el Derecho Internacional. Los Estados están obligados a asistir a las poblaciones más necesitadas y utilizar gases lacrimógenos, pelotas de goma o simplemente pedir que no se realicen rescates en alta mar no solo constituyen actos de falta de humanidad, sino violaciones de las leyes de las que nos hemos dotado como comunidad internacional.

    Como ciudadana europea me duele y me abochornan las imágenes de padres y madres cuyos rostros reflejan el dolor, el sufrimiento y la angustia de quienes han abandonado todo por algo «tan simple» como salvar su vida y la de sus hijos e hijas siendo conscientes de que su Ítaca-Unión Europea no se lo va a poner fácil, más bien al contrario. En su situación yo también cruzaría el Mediterráneo o las vallas de espino de Macedonia.

    Escuchar a estas personas decir que nada puede ser peor que lo han dejado en su país de origen debería servir no solo para que los gobiernos europeos se sienten a estudiar programas y medias de acogida sino para repensar el papel de la Unión Europea en la política internacional, en la resolución de los conflictos y la pobreza que generan el desplazamiento de miles de personas.

    Hace años que Europa no termina de encontrarse a sí misma y es precisamente en la cultura de paz, la defensa de los derechos humanos y el desarrollo donde debería encontrarse y donde la anhelan quienes lo dejan todo por llegar a ella.

    Concluyo con otro extracto del discurso de recepción del premio Nobel de la Paz. “El compromiso concreto de la Unión Europea a escala mundial está profundamente marcado por la trágica experiencia que para nuestro continente han supuesto los nacionalismos exacerbados, las guerras y la Shoah, encarnación suprema de la maldad, y se inspira en nuestro deseo de evitar que vuelvan a cometerse los mismos errores.”

    Que así sea.

  • Yo soy de esas personas para cuya vida diaria no es indiferente quién está al frente de las instituciones. Mi vida y la de mi familia, como la de miles de personas, dependen de que contemos o no para nuestros gobernantes y, sobre todo, de que sepan lo que se traen entre manos porque los trabajadores y trabajadoras no nos podemos permitir experimentos.

    Yo sí necesito saber qué proyecto de ciudad y de comunidad autónoma tienen quienes aspiran a gobernarlas. Sin embargo hay quienes tienen la suerte, digámoslo así, de que viven igual gobierne quien gobierne, que les da igual saber antes de introducir la papeleta en la urna si el IBI de su vivienda va a subir o bajar, si el transporte público va a seguir siéndolo, saber qué va a pasar con la gestión de la sanidad, con la educación pública, las tasas universitarias, los horarios comerciales. Las personas como yo necesitamos saber qué iniciativas concretas se van a poner en marcha para apoyar la creación y protección del empleo digno o cómo van a garantizar un entorno seguro a las mujeres.

    El poder de la democracia radica en que somos los ciudadanos y las ciudadanas quienes decidimos quiénes merecen nuestra confianza para gobernar, para gestionar los recursos públicos y asegurar que sus derechos a la salud, a la educación, a un medio ambiente sano y sus necesidades en servicios públicos están garantizadas.

    Es más cómodo disertar sobre lo divino y lo humano, quedarse en vaguedades y buenos deseos, repetir palabras como participación, cambio de modelo, y denostar a los políticos que militamos en los “partidos de la vieja política”. Por supuesto esto es más sencillo que poner sobre la mesa propuestas de gobierno, concretas y cuantificadas.

    Quienes aspiramos a obtener la confianza de los ciudadanos no podemos presentarnos con las manos abiertas, vacías y pidiendo que simplemente confíen en nuestra buena voluntad y que ya veremos qué hacemos cuando lleguemos. Las personas como yo, necesitan saber.

    Desde el Partido Socialista nos presentamos con un proyecto claro y con iniciativas concretas para mejorar la vida de las personas que viven en nuestra ciudad y nuestra Comunidad. Propuestas que ponemos sobre la mesa porque nuestra gente, la gente que importa, las necesita, porque de ellas dependerá su calidad de vida.

    Por eso pido el voto para tener un ayuntamiento transparente, libre de corrupción y en el que los ciudadanos y ciudadanas tengan voz y voto; poder generar y proteger el empleo, para rehabilitar las infraviviendas de nuestra ciudad en las que sobre todo viven mujeres mayores solas; para limpiar todas las calles de todos los barrios; para crear 30 escuelas infantiles; para mejorar los servicios sociales; para que las empresas cumplan sus contratos y les sean rescindidos si no lo hacen; para que el IBI sea justo; para que la cultura sea nuestra vanguardia y esté al alcance de todos y todas.

    Pido el voto para terminar con los abusos laborales; para defender la sanidad y la educación públicas; para reindustrializar Madrid; para suprimir los copagos sanitarios; para poner en marcha la Renta Básica de Ciudadanía; para tener un sistema de becas justas; para que quien más tiene contribuya más; para frenar la desigualdad en la región más rica del Estado.

    Pido el voto para recuperar Madrid. Pido el voto para Antonio Miguel Carmona. Pido el voto para Ángel Gabilondo.

    Pido el voto para el Partido Socialista.

  • Hace una semana que tembló la tierra en Nepal dejando desolación y dolor. Cifras desmesuradas con otras tantas vidas truncadas, 6.621 personas fallecidas contabilizadas hasta ayer, cuando ya se han perdido las esperanzas de que surjan nuevos milagros entre los escombros.

    Nepal era ya uno de los países más pobres del mundo antes del terremoto. Los efectos del seísmo son rotundos. Además de las personas muertas, 8 millones de personas se han visto afectadas y más de 600.000 edificios derruidos dan idea de las dimensiones del desastre.

    Viviendas construidas con la técnica del piedra sobre piedra, en el mejor de los casos; sistemas de agua y saneamiento más que rudimentarios, sistemas de comunicaciones cuanto menos frágiles.

    La suerte, la mala suerte, se ceba una vez más con los más pobres. Desgraciadamente hasta en esto la Naturaleza es cruelmente caprichosa. Por mucho que nuestra ciencia haya avanzado, no podemos evitar que los volcanes entren en erupción, que llueva sin cesar o que la Tierra tiemble. Sin embargo, sí podemos reducir los daños, prevenirlos y reducir los riesgos de desastre.

    Hacía 80 años que la Tierra no temblaba en Nepal como lo hizo el pasado 25 de abril, pero tarde o temprano lo iba a hacer. El problema es que el país no estaba preparado como lo están otros países que conviven con amenazas similares pero dotados de los recursos y capacidades necesarios para mitigar el impacto de lo inevitable.

    Ya lo vimos hace algo más de 5 años en Haití donde, sin duda, la catástrofe no hubiera sido igual de haber tenido las instituciones, recursos y capacidades necesarias para prevenir y reducir los riesgos.

    Y ahora, ¿qué?

    Aun a riesgo de parecer extremadamente ingenua, confío en que la comunidad internacional haya aprendido y en este crucial 2015 de ejemplo del compromiso con el desarrollo renovado y aproveche la oportunidad de implementar el resultado de la cumbre de Sendai sobre reducción de riesgos, de la que de nuevo quedó pendiente el capítulo de financiación.

    Se anuncia una conferencia de donantes para la reconstrucción de Nepal a la que habrá que estar atentos y de la que espero que no se trate de una sucesión de buenas intenciones y declaraciones de solidaridad y realmente se pongan sobre la mesa acuerdos concretos de cooperación porque la solidaridad, así en espíritu y por sí sola, ni reconstruye y rehabilita.

    Parafraseando al gran Forges, que no nos olvidemos de Nepal (ni de Haití, ni de Siria, ni de Somalia, ni de tantos otros)

    @CarlotaMerchn

  • Llevamos años siendo testigos de una de las mayores tragedias humanas, la muerte sin sentido –como todas- de miles de personas en el Mediterráneo en su intento desesperado de alcanzar el sueño europeo. El mismo Mediterráneo que ha sido durante miles de años canal del intercambio, del conocimiento, de la cultura, del comercio, cuna de nuestra civilización. El Mediterráneo de Grecia, Roma, Cartago, Alejandría….

    Se estima que en la barcaza desaparecida entre Libia e Italia podría haber a bordo más de 900 personas, la práctica totalidad desaparecidas. No consigo sacar de mi cabeza esta tragedia, esta otra tragedia más de la que somos testigos.

    Escucho hablar de reforzar el control de fronteras, de incrementar la lucha contra las mafias que han visto en la desesperación por la huida de sus semejantes una fuente cuasi ilimitada de enriquecimiento, desgraciadamente como desde que el mundo es mundo.

    Es cierto que hay que combatir a las mafias, pero no son ellas las causantes de que miles de personas huyan hacia Europa. Las mafias están haciendo negocio a costa del sufrimiento de quienes huyen del hambre, la pobreza y la guerra. Miremos a los países de origen de las personas que colman esas barcazas: Libia, Somalia, Eritrea, Malí y en menor medida (porque han cambiado de rutas) Siria e Iraq.

    Escuchar que la alternativa puede ser no rescatar a los náufragos para evitar el efecto llamada que esto puede ocasionar me avergüenza como europea, como ser humano. Sin mencionar las ideas de los más osados que directamente tacharía sin pudor de asesinatos (me refiero a la idea de una diputada de Forza Italia de bombardear las barcazas).

    ¿Tan insensibles se han vuelto los gobernantes europeos al dolor ajeno que miles de muertes en nuestras puertas no son suficientes como para que sean una prioridad máxima del conjunto de la Unión Europea? Esto no es un problema a resolver por Italia o España, es una cuestión de emergencia humanitaria europea.

    Mientras persistan los conflictos que empobrecen, violan derechos y hacen que la vida de millones de personas sea un infierno en la tierra, seguirán escapando como haríamos todos y todas si de ello dependiera el futuro de nuestros hijos e hijas. No hay nada que puede detener el valor que genera la desesperación y el miedo de para quienes la vida no es mucho mejor que la muerte, y por eso se permiten arriesgarla.

    La emigración debe ser una opción, no la única salida de personas que, seguramente, serían sujetos de asilo. Pueden tratar de poner vallas al mar, pero en tanto que no las pongamos a la pobreza y la guerra, no hay ejército que pare la marea de la desesperanza.

    Ni una muerte más en el Mediterráneo.

    @CarlotaMerchn

  • Querer tener por ley el control de aquello que la Naturaleza nos ha vetado ha sido una constante en la historia de la Humanidad que no es sino la historia de las mujeres.

    Las mujeres y hombres de bien de este país conseguimos parar la reforma de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo aprobada en 2010 con el respaldo de la mayoría de los grupos parlamentarios del Congreso.
    Un éxito de la lucha por la igualdad que a semanas ya de las elecciones municipales y autonómicas algunos quieren remover por un puñado de votos.

    Supongo que como yo, son muchas las personas que se preguntan qué necesidad hay Ministro Alonso de seguir removiendo y removiendo un asunto que, seamos francos, les quita el sueño a muy pocos. ¿Tanto miedo les tienen?

    Ustedes que los últimos tiempos son tan dados a tirar de estadísticas, lean con detenimiento las cifras de las menores de 18 años que interrumpen su embarazo a espaldas de sus progenitores. Baja la cifra, ¿verdad? Pues deduzcan por qué y qué sucede para que una menor no comparta una situación como ésta con sus padres o madres. Y la conclusión es que el Estado debe arropar y atender a esas jóvenes.

    Déjennos en paz. Admitan que esta batalla la perdieron. Que ya está. Tengan la decencia de no querer rascar votos a costa de los derechos de la mujeres.
    No nos toquen la Ley.

    @CarlotaMerchn

  • Desde luego no ha sido el azar el que ha decidido que 148 personas murieran este Jueves Santo. 4 milicianos de al-Shabab, irónicamente “los jóvenes”, dispararon con todo el odio que llevan dentro en la Universidad de Garissa, asesinando a 148 personas, la mayoría estudiantes. La mayoría, cristianos.

    Son muchos los tópicos en torno a África, pero uno es absolutamente cierto, hay mucho por hacer, mucho por avanzar. Y son los jóvenes formados, jóvenes educados en universidades africanas quienes sacarán su continente adelante. El atentado de este pasado jueves pretende ser un nuevo aviso a navegantes, como lo fue el que tuvo lugar hace dos años en un centro comercial en Nairobi, los que se suceden a diario en Nigeria por no hablar de Somalia.

    No me gusta enfrentar muertos, a mí me duelen igual. No voy a insistir en la diferencia de tratamiento de las muertes y asesinatos según los muertos sean de un sitio u otro. Pero la realidad es que es cierto. La diferencia es real. Y no es que otros se merecieran menos honores, sino que estos merecen los mismos.

    Pienso en esas familias que con grandes esfuerzos habían conseguido que su hijo o su hija estudiaran una carrera universitaria en un continente con apenas un 5% de población universitaria. Pienso una vez más en que quienes dispararon a bocajarro en Garissa podrían ser quienes dispararon a Malala, quienes secuestran niñas en Nigeria o quienes destrozan la estatua de Nínibe.

    La paz y la seguridad son un bien público global, más en un mundo en el que las fronteras son cada día más líquidas. Lo que ha sucedido en Garissa no difiere tanto de lo que pasó en París, en Dinamarca o en mi Madrid. No es posible mirar para otro lado.

    Mientras no terminemos de creernos realmente que el terrorismo, se produzca donde se produzca, nos amenaza a todos y todas, que hace nuestro mundo global más inseguro para todos y todas, corremos el serio riesgo de que los malos vayan ganando pequeñas batallas. Y esto es algo que ni podemos, ni debemos permitir.

    Descansen en paz las víctimas y el dolor de sus familias es el mío.

    @CarlotaMerchn

  • Dice Antonio Miguel Carmona que se es madrileño o madrileña desde el momento en el que se llega a la T4. Yo llegué a Madrid por la T2 tal día como hoy del año 2000, aún no existía la nueva terminal, y las cosas de la vida han hecho que justo quince años después tenga el honor de ser candidata a concejala del ayuntamiento de Madrid por el Partido Socialista.

    Llegué a Madrid a empezar una nueva vida después de rodar por el mundo. No diré que me sentí madrileña desde el primer momento porque mentiría. Madrid puede resultar dura, incluso hostil. Pero al mismo tiempo es inevitable enamorarse de ella.

    Las ciudades no son duras u hostiles por naturaleza, sino por decisión de sus gobernantes. Y Madrid es un claro ejemplo de esto.

    Madrid ha cambiado mucho en estos quince años. Ha cambiado a peor. Madrid ha dejado de ser una ciudad que une para ser una ciudad que divide. Quienes han detentado el poder en las instituciones de esta ciudad las dos últimas décadas han construido diferentes ciudades dentro de Madrid. Han creado una ciudad en la que las oportunidades de vida para sus habitantes son muy diferentes según el distrito en el que crezcan.

    Madrid no se ha deteriorado por casualidad sino como resultado de dos décadas de gobierno en las que los vecinos y vecinas de esta ciudad han sido convertido en usuarios de servicios en lugar de ciudadanos. Son, desgraciadamente, muchos los ejemplos de este deterioro de Madrid.

    Una ciudad con grandes ensanches urbanísticos, repletos de pisos vacíos, en la que se desahucia a familias de viviendas construidas con recursos públicos y vendidas a fondos buitre. Madrid como ejemplo de crecimiento al servicio del interés de unos pocos a costa de los intereses de la mayoría.

    En el motor del crecimiento de España viven trabajadores y trabajadoras para quienes tener un empleo no es garantía de estar libre de la pobreza. La ciudad que alberga “la milla de oro” tiene a 14 kilómetros decenas de familias viviendo en chabolas, niños corriendo descalzos entre la inmundicia.

    La que ha sido ciudad ejemplo de la diversidad, de la tolerancia vuelve a registrar ataques al diferente. Una ciudad en la que se han deteriorado todos los servicios públicos, servicios sociales, limpieza, transporte…

    Mientras se jactan de haber creado un Madrid de la excelencia, los colegios e institutos públicos se caen, literalmente, a pedazos.

    Madrid, con la mejor pinacoteca del mundo, teatros, cines, museos… sigue reservando la cultura para el ocio en lugar de promocionarla como seña de identidad de la ciudad y ponerla al servicio de todos y todas como elemento fundamental de construcción de ciudadanía.

    La que fue la ciudad con más árboles de España gracias a Tierno, convertida en una ciudad de aire irrespirable.

    Madrid necesita un cambio para devolver la ciudad a sus ciudadanos y ciudadanas. Madrid necesita el cambio seguro para dar soluciones concretas a problemas concretos. Los madrileños y madrileñas necesitamos el cambio con sentido común.

    @CarlotaMerchn