• Ayer por motivos de trabajo me tocó repasar la estrategia de desarrollo sostenible y el informe de progreso en la consecución de los ODS. En ambos documentos se reportan las iniciativas de las comunidades y ciudades autónomas. De todas menos de una, la Comunidad de Madrid.

    Permitidme que piense que no es casualidad.

    Jamás he escuchado a la Presidenta referirse a la agenda 2030, al desarrollo sostenible y muchísimo menos a la cooperación para el desarrollo. En cambio sí he escuchado a su socio de la ultraderecha denostar todo lo que tenga aroma a solidaridad internacional, sostenibilidad o multilateralismo.

    Ellos hablan , pero quien gobierna pone relato político y presupuesto a esas palabras. Y es cero.

    No coinciden forzosamente. Con o sin negociación de presupuestos, piensan igual.

    En su modelo ideológico no cabe el desarrollo sostenible, la igualdad de las personas LGTBI, el feminismo, el aborto, la eutanasia o la cooperación internacional. Y la ideología solo se rebate desde la ideología.

    Hay tarea en Madrid.

  • La cooperación para el desarrollo es una inversión que da frutos como la vacuna contra la malaria.

    La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha anunciado el lanzamiento de la primera vacuna contra la malaria destinada a niños y niñas.
    Cada año se registran más de 200 millones de casos y más de 400.000 muertes por malaria en el mundo, mayoritariamente en los países más pobres. Esto se traduce en efectos fatales para el desarrollo individual y colectivo en estas sociedades.

    Con estas cifras es fácil alcanzar a ver el valor que tiene la noticia. Valor que para nosotros debería ser aún mayor pues la vacuna tiene sello de la Cooperación Española, la que se realiza con recursos de nuestro país.

    Ahora que se acerca el debate de presupuestos , esta magnífica noticia debería ser, además de motivo de orgullo, un refuerzo de la importancia de la política de cooperación para el desarrollo y esto se hace con compromiso político reflejado en recursos sostenidos en el tiempo.

    Como nota personal, hace unos años cumplí mi sueño de visitar Mozambique y el Centro de Manhiça donde la cooperación tras muchos años y recursos da sus frutos. #EsHoraDeCooperar

    @CarlotaMerchn

  • Hace unos meses tuve la oportunidad de participar en una tertulia en la que se debatían cuestiones muy profundas sobre la economía global. Recuerdo que mi humilde aportación fue poner sobre la mesa la cuestión de los cuidados, cómo nuestro modelo económico se sostiene sobre un modelo de cuidados feminizado e insostenible a día de hoy si tal cual tuviera que ser bien asumido o financiado por cualquier Estado. Recuerdo también que mi comentario solo captó el interés de otra mujer, para el resto pasó desapercibido.

    En la vida cada uno de nosotros tenemos una certeza y es que todos necesitaremos ser cuidados por otros por motivos múltiples, pero alguien deberá cuidar de nosotros. La clave es cómo, quién y por cuánto.

    A día de hoy son mujeres, remuneradas o no, las que asumen esta tarea.

    El informe “El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad” presentado por la ONG Oxfam Internacional nos pone frente al espejo de nuestro modelo de cuidados, insostenible e injusto.

    ¿Alguien puede pensar que es sostenible un modelo que ignora que el trabajo de cuidados no remunerado que realizan las mujeres del mundo supone 10,8 billones de dólares?

    Nuestro sistema se asienta en la desigualdad y más específicamente en la mayor desigualdad existente que es la desigualdad de género. Porque son las mujeres y las niñas las que cuidan en el mundo; porque las mujeres españolas conciliamos en buena parte gracias a otras mujeres, muchas venidas de otros países donde han dejado a sus hijos e hijas al cuidado de otras mujeres en lo que se conoce como cadena global de cuidados.

    Al contrario de lo que afirmaba hace unos días el Alcalde de Madrid[1] la desigualdad no es inherente al progreso sino a un modelo que deja a buena parte de sus miembros atrás. La desigualdad es inherente a un modelo que genera riqueza para unos pocos a costa de la pobreza de unos muchos, o mejor dicho, de muchas.

    En este sentido recuerda Oxfam Internacional que las mujeres se encuentran en la parte más baja de la pirámide económica que coronan hombres, con una cifra que ilustra perfectamente esta desigualdad: 22 hombres concentran más riqueza que todas las mujeres de África.

    Esta realidad no es sostenible. No es aceptable que el mundo de 2020 pretenda progresar a costa de la desigualdad de las mujeres, de las mujeres pobres, particularmente.

    La desigualdad no es una buena aliada de las democracias, genera hartazgo y desafección y, por lo tanto, inestabilidad.

    [1] “Hay desigualdad pero es inherente a las sociedades que progresan”, José Luis Martínez Almeida en Forum Nueva Economía (Madrid, 13 enero de 2020)

  •  

    La noche del 9 de noviembre de 1989 el mundo asistía emocionado a las imágenes del derribo de uno de los mayores símbolos del siglo XX. El muro de Berlín, “Der Mauer”, caía y con él se ponía fin a una época.

    O al menos eso creíamos.

    Ciertamente la caída del muro supuso el triunfo del sistema capitalista sobre la alternativa comunista liderada por la entonces Unión Soviética. Pero también ejemplificaba la victoria de la libertad, de la apertura, de la reunificación.

    La emoción del momento nos hizo creer a muchos que el mundo dividido por muros y vallas caía también con el Schandmauer o muro de la vergüenza (todos los muros, todas las vallas lo son).

    ¡Cuán errados estábamos!

    En 1989 en el mundo había 15 muros o vallas entre países. Hoy son más de 70.

    El Muro de Berlín no fue el primero. A lo largo de los siglos todas las civilizaciones han construido muros y murallas sin embargo, los que se han construido o se están construyendo en este milenio sobrepasan los construidos por civilizaciones antiguas.

    Levantamos muros para demarcar nuestra propiedad, para blindar nuestra privacidad, nuestro espacio, ése al que solo permitimos entrar a nuestros elegidos, al club selecto de personas privilegiadas con las que las queremos compartir lo nuestro.

    Pero este celo de lo propio no aplica a lo colectivo y menos en un mundo globalizado en el que comemos, vestimos, consumimos bienes y servicios generados o gestionados lejos de nuestro espacio.

    El cinismo es el nuevo negro y no consigo calificar de otro modo que como un ejercicio de cinismo esta globalización selectiva que pretende hacernos ciudadanos y ciudadanas del mundo salvo para algunas cosas, casualmente las que más condicionan nuestras vidas, los derechos.

    El discurso binario, el pensamiento del miedo, el instinto a generalizar y a separar, la querencia por la perspectiva única, por simplificar en “ellos y nosotros”, por categorizar la excepción pretenden simplificar nuestra no simple realidad alimentando la ideología ultra que pensamos haber dejado atrás y que crece en nuestro entorno.

    Los muros físicos se cimientan en muros mentales alimentados con prejuicios, mentiras y, fundamentalmente, odio y miedo. No se ven pero, como dijo Willy Brandt “las barreras mentales perviven por más tiempo que las de hormigón”. Sin las primeras no existirían las segundas.

    Cada mensaje de odio, cada actitud xenófoba, el discurso de la exclusión, la política de la desigualdad son nuevos ladrillos en los muros.

    En 1979, diez años antes de la caída del muro, Pink Floyd publicaba su histórico disco The Wall, customizando la canción homónima creo que cada uno de nosotros y nosotras debemos elegir si queremos ser otro ladrillo del muro o si queremos derribar los muros físicos y mentales.

    @CarlotaMerchn

     

  • Por si a estas alturas hay alguna persona llamada a las urnas no se ha enterado, parece que este domingo votamos entre dos opciones: quienes quieren romper España o quienes quieren evitar que se rompa.

    Ésa es la dicotomía ante la que nos encontramos los ciudadanos y ciudadanas que tenemos el derecho y la responsabilidad de ir a las urnas este domingo 28 de abril. Ahí es nada.

    Yo, para que no quede duda, me he definido desde el título. Votaré para que España no se rompa.

    España inició el peligroso camino hacia su ruptura hace unos años.

    Surgía con fuerza una nueva clase social, los trabajadores pobres o más concretamente, las trabajadoras pobres porque son las mujeres quienes llevan a su casa los salarios más bajos, al ocupar los empleos con mayor tasa de temporalidad, precariedad a la que añadir la consabida brecha salarial y retributiva.

    Al mismo tiempo que España se convertía en uno de los países más desiguales de la Unión europea, el percentil más rico de la población del país incrementaba su renta. En lenguaje llano, los ricos más ricos y los pobres más pobres.

    Miles y miles de jóvenes con la mejor cualificación de la historia se veían obligados a emigrar a países en los que se les ofrecía un empleo y en muchos casos con condiciones a las que les era imposible aspirar en el país que les había dado la oportunidad de formarse.

    La pobreza infantil llegaba a cifras que avergüenzan a cualquier sociedad. El 28% de los niños y niñas en nuestro país, casi 1 de cada 3, vive en riesgo de pobreza, diez puntos por encima de la media europea.

    El ascensor social se ha bloqueado como consecuencia de la crisis y de las medidas de la derecha para, supuestamente, ponerle freno. Aunque a tenor de las cifras parece que a lo que se puso freno es al ascensor social de nuestro país.

    El hecho más azaroso de nuestra vida, el lugar y familia de nacimiento, sentencia nuestro estatus lo que en el caso de las familias con bajos ingresos se traduce en que necesitan cuatro generaciones para, si tienen suerte, ascender a la clase media.

    Los efectos de la desigualdad afectan al conjunto de la sociedad, no solo a quienes sufren sus consecuencias más severas. Las sociedades más desiguales son sociedades menos prósperas, menos sanas, menos seguras, más segmentadas y vulnerables en su conjunto.

    Las sociedades desiguales son sociedades polarizadas en las que construir un proyecto colectivo resulta más incierto que en las sociedades cohesionadas.

    Sí, España puede romperse por la costura de la igualdad de oportunidades. Por eso este domingo con mi voto diré no a la ruptura de España.

    El #28A diré sí a poner fin a la pobreza infantil.

    Sí a salarios y empleos que garanticen una vida digna. Porque no hay niños o niñas pobres en hogares donde entran salarios decentes.

    Diré sí al blindaje del sistema público de pensiones en la Constitución.

    Sí a una educación pública de calidad y para todos y todas desde los 0 años hasta la universidad.

    Diré sí a una economía sostenible, una transición ecológica justa que genere nuevas oportunidades de empleo y desarrollo sin hipotecar nuestro planeta.

    Sí al compromiso con la cooperación para el desarrollo, con la construcción de un mundo más justo, en paz y libre de hambre y pobreza.

    Diré sí al feminismo, a la igualdad plena entre mujeres y hombres. Diré sí a que no es no.

    Sí a que quién más tiene contribuya más a romper la desigualdad.

    Diré sí a lo empezado el 1 de junio, a la apuesta por la convivencia construida en los pilares del diálogo y la ley. Sí a unir el país en un proyecto colectivo de crecimiento y justicia social.

    Votaré para no dar pasos atrás en democracia.

    Para no dejar a nadie atrás, este domingo votaré al PSOE. #HazQuePase

    @CarlotaMerchn

  • El 25 de septiembre de 2015 la Asamblea General aprobaba la resolución “transformar nuestro mundo: la agenda 2030 para el desarrollo sostenible”. Una agenda a favor de las personas, el planeta y la prosperidad y reserva un papel a los Parlamentos que se materializa en nuestro país con la constitución de la comisión mixta Congreso-Senado para coordinación y seguimiento estrategia española ODS que ha tenido lugar hoy.

    Esta comisión para el seguimiento de la implementación de la agenda de desarrollo sostenible 2030 es un paso importante en la apropiación de la agenda 2030 como marco de referencia para las políticas públicas de nuestro país para que éstas no dejen a nadie atrás. (más…)

  • Desde hace unos años estamos siendo testigos de una ola de neoconservadurismo devenida en un tsunami global que recurre a banderas tan antiguas como la civilización misma: el odio al extranjero, a las personas cuya moralidad difiera de la suya y atar en corto a las mujeres.

    Esa obsesión enfermiza de la derecha y, por supuesto, la extrema derecha con los derechos de las mujeres, con controlar la mano que mece la cuna para así controlar el mundo crece y es que las mujeres disfrutamos de una igualdad por encima de lo que muchos están dispuestos a tolerar.

    La política de los hombres fuertes de Trump, Salvini, Morawiecki, Orban, Putin, Bolssonaro quiere iniciar la conquista hispánica en Andalucía con la alianza de la derecha y la extrema derecha para desalojar de la Junta de Andalucía al PSOE, ganador de las elecciones.

    Sobre la mesa la lucha contra la violencia de género. Ni legislación ni presupuesto. Esa es la condición para que el gobierno de derechas sea posible en San Telmo.

    La igualdad por la que lucha el feminismo es el enemigo de la política de los hombres fuertes. Al igual que ellos lo tienen claro debemos tenerlo las mujeres. Nuestros derechos no son moneda de cambio. Con nuestra seguridad no se mercadea por un sillón.

    Las cosas no suceden en un instante, dice Defred, protagonista de “El cuento de la criada”.

    Las mujeres tenemos memoria y desafortunadamente hemos escuchado a dirigentes del Partido Popular y de Ciudadanos hablar de denuncias falsas, les hemos visto paralizar la implementación de la ley contra la violencia de género al dejarla sin presupuesto, les hemos escuchado cuestionar los derechos de las mujeres en demasiadas ocasiones como para que nos salten todas las alertas.

    Me indignan quienes lo dicen en voz alta pero me preocupan más quienes callan y pueden otorgar por acción u omisión. Y me irrita que las mujeres de los partidos de derechas callen y no se rebelen contra los pactos de hombres fuertes.

    Hace unos meses un periodista rechazaba con cierto desdén mi idea de que el único movimiento global de lucha que existe actualmente es el de las mujeres. En los dos primeros días de este año hemos escuchado en Brasil y en España el mismo propósito “luchar contra la ideología de género”. Creo que el escenario es claro.

    @CarlotaMerchn

  • Tenía cinco años cuando triunfó la revolución sandinista por lo que mis recuerdos provienen de la lectura y de la revolución ya avanzada.

    Recuerdo asistir a charlas de brigadistas, de representantes del Gobierno sandinista. Recuerdo leer a Ernesto Cardenal, a Gioconda Belli, a Sergio Ramírez al tiempo que tarareaba las canciones de Carlos Mejía Godoy. Recuerdo aquel sueño que hoy ha devenido en pesadilla.

    Hubo una época en la que la revolución sandinista recabó la simpatía y el apoyo de las gentes de la izquierda mundial; hoy, la represión y la violencia que el Gobierno de Ortega está ejerciendo contra el pueblo nicaragüense recaba el rechazo de aquellas mismas gentes.

    Desde que jóvenes estudiantes y ecologistas recorrieran las calles de Nicaragua protestando por la gestión gubernamental del incendio en la reserva Indio Maíz y las posteriores manifestaciones de rechazo a la reforma del sistema de seguridad social Nicaragua está viviendo una escalada de violencia y represión como no se conocía en el país desde los tiempos del dictador Somoza.

    Los últimos meses, pasado el momento más mediático, se han convertido en una secuencia de maniobras más sutiles de aplacamiento de los grupos discrepantes con las políticas del gobierno de Ortega. El informe publicado el mes de agosto por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos describe sin ambages las diferentes etapas llevadas a cabo por el Gobierno de Daniel Ortega con un único propósito: acallar todo conato de discrepancia. Para alcanzar su objetivo Ortega no ha tenido el menor reparo en vulnerar derechos humanos como el derecho a la libertad de expresión, derecho de reunión o el derecho a la salud, negando la asistencia sanitaria a las personas heridas en los disturbios.

    Organizaciones humanitarias cifran en 674 las personas detenidas. El Gobierno reconoce 273.

    Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos la violencia se ha cobrado la vida de más de 300 personas.

    A estas terribles cifras hay que añadir las de quienes han abandonado el país por miedo a lo que les pueda pasar a ellas y sus familias.

    El último episodio represivo ha sido la retirada de la personalidad jurídica a Organizaciones No Gubernamentales (ONG), entre ellas el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos y el Instituto de liderazgo Las Segovias. En esta última fase además de las Organizaciones No Gubernamentales se ha aumentado la intensidad de las acciones contra periodistas y medios de comunicación críticos con el gobierno sandinista.

    Los ataques reiterados a las ONG confirman lo que muchas venimos denunciando, que la sociedad civil organizada es una amenaza para quienes rechazan los principios básicos de las democracia como son la libertad y la participación de la ciudadanía.

    No es posible una democracia real sin una sociedad civil activa, crítica y respetada. Y en Nicaragua hoy resultan incómodas las asociaciones estudiantiles, políticas, feministas, académicas, profesionales, campesinas, empresariales…

    La pluralidad y la discrepancia están en el corazón de la democracia y atacarlas es arremeter contra la democracia y la libertad por la que tanto luchó el pueblo nicaragüense.

    Ortega debería repasar la historia de su país y aprender de ella, y terminar con el dolor y el sufrimiento que está causando. La convivencia debe regresar a Nicaragua y la convivencia se sustenta en el respeto a la diversidad.

    Quienes militamos en la izquierda debemos decir alto y claro que el Gobierno de Ortega no representa los valores de la revolución sandinista ni de la izquierda. Sin libertad no hay políticas de izquierda. Sin libertad solo hay autoritarismo y el autoritarismo no es revolucionario, Señor Ortega.

    @CarlotaMerchn

  • Es difícil empezar a hablar en un juicio en el que una no pensaba que le iba a tocar hablar, que es el juicio por el asesinato de mi mami, de Berta Cáceres.”

    Así comienza la conmovedora intervención de Laura Zúñiga Cáceres ejerciendo su derecho de penúltima palabra representando a las víctimas en el juicio por el asesinato de su madre, la activista y premio Goldman Berta Cáceres (ver enlace). Este jueves 29 de noviembre conoceremos la sentencia.

    He tenido la oportunidad de encontrarme con Laura Zúñiga en dos ocasiones, la última hace unas semanas en Honduras coincidiendo con el viaje de una delegación del Congreso al país centroamericano. En ambas ocasiones quedé impresionada por la fortaleza de esta mujer joven que acarrea una historia que no debería tener que soportar. Porque su madre debería estar viva.

    Porque ser activista y defensora de los derechos humanos no puede ser un riesgo para la vida.

    Y lo es en la actualidad.

    Lo es en Honduras. Lo es en Colombia, en Nicaragua. El 75% de los homicidios de defensores y defensoras de derechos humanos se registran en América Latina.

    Laura Zúñiga reclama justicia, que su dolor no quede impune.

    El número de ataques, incluidos asesinatos, a los defensores y defensoras de derechos humanos crece cada año y la situación es particularmente crítica en América Latina.

    Reclamar #JusticiaParaBerta es reclamar el fin de la impunidad para los ataques a los defensores y defensoras de derechos humanos.

    La protección de quienes defienden los derechos humanos nos atañe a todos y todas, se produzcan donde se produzcan las violaciones de derechos y se encuentren donde se encuentren quienes las denuncian.

    Se acerca el 70 aniversario de la aprobación de la Declaración de los Derechos Humanos que conmemoraremos el 10 de diciembre. La víspera, el día 9, se celebra el día internacional de los defensores y defensoras de derechos humanos instaurado por las Naciones Unidas en 1998.

    ¿Podremos homenajear a Berta y a los defensores y defensoras de derechos humanos sabiendo que no hay impunidad para quienes los asesinan?

  • Hace bastantes años que escuché por primera vez la palabra resiliencia vinculada entonces a la supervivencia personal, a la capacidad de superar hechos dramáticos y desarrollar nuevas habilidades de superación y resistencia. Con el tiempo se han ido ampliando sus acepciones a prácticamente todos los ámbitos de la sociedad.

    Crear sociedades resilientes, ése era el reto para los gobiernos que tenían que gestionar la crisis. Sin embargo las medidas adoptadas, y que algunos se empeñan en presentar como reformas no abordaron ni las causas ni las consecuencias.

    Al contrario, las medidas se centraron en el rescate del sistema financiero instaurándose un régimen de austeridad del gasto público que en la práctica ha supuesto el empobrecimiento de las clases trabajadoras en derechos y poder adquisitivo creando la nueva clase social de trabajadores pobres, generando cifras insoportables de pobreza infantil en los otros tantos hogares en riesgo de pobreza y exclusión en el caso concreto de España.

    Lejos de fortalecer las políticas públicas sociales y, con ellas a las familias y personas más vulnerables, las medidas puestas en marcha por los gobiernos del Partido Popular han consolidado la desigualdad como seña de identidad de la sociedad española.

    La desigualdad es en mi opinión, junto con la cuestión territorial, el principal problema de España y al que debe dar respuesta el Gobierno del Presidente Sánchez. Restaurar el las políticas públicas del estado de bienestar, la igualdad de oportunidades entre ciudadanos y entre territorios y para ello es necesario disponer de unos Presupuestos Generales del Estado que sitúen a las personas en el centro y, especialmente, a las que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad.

    Y esos son los presupuestos que presenta el Gobierno: recuperar la ley de dependencia, la sanidad universal, revertir los recortes en educación, recursos contra la pobreza infantil, contra la violencia de género, un salario mínimo de 900€, mantener el poder adquisitivo de las pensiones, inversión en ciencia, recursos para los ayuntamientos, entre otras.

    Tras siete años de sangría de los derechos que promueven la igualdad de oportunidades, de retroceso en el estado del bienestar que tanto había costado alcanzar y siempre en nombre del interés del país, esos mismos patriotas tienen el descaro de decir que estos presupuestos nos llevan a una nueva crisis.

    Crisis ¿para quién? ¿Para quienes no percibieron la anterior o que forman parte del selecto grupo de enriquecidos por la crisis que ha dejado en la exclusión a miles de familias de este país?

    ¿Son estas las medidas que empobrecen un país? O al contrario, ¿no son éstas precisamente las medidas que sientan las bases de un país resiliente a las crisis? ¿No son éstas las medidas que pueden reducir la brecha de la desigualdad?

    Estamos ante los presupuestos de la recuperación, de la recuperación justa que no deje a nadie atrás.

    Con el discurso de que los PGE del Gobierno socialista van a arruinar el país las derechas están mandando un claro mensaje a la clase trabajadora de este país: queréis vivir por encima de las posibilidades que merecéis.

    Ya lo escuchamos cuando el Partido Popular llegó al poder en noviembre de 2011 y conocemos su receta: si hay algo prescindible eso son las políticas públicas que promueven la igualdad de oportunidades.

    Una vez más no es la economía. Como siempre, es la ideología.

    @CarlotaMerchn