¿Puede haber un argumento más arcaico que aferrarse a que las cosas se hacen así desde hace 500 años? ¿Os imagináis que lo usemos para todo?

La tradición que defienden estos hombres es la del machismo, perpetuar el veto a las mujeres a espacios que les permitan mantener sus privilegios. Lo vistan de cofrade o de lagarterano.

Las tradiciones creadas en épocas en las que las mujeres eran un mero accesorio en sociedades masculinizadas, seres vivos sin voz y mucho menos sin voto son las que un grupo mayoritario de cofrades de Sagunt han utilizado para mantener su club de hombres haciendo cosas de hombres.

La cofradía de la Puríssima Sang es un ejemplo más de que la igualdad es un camino que debe ser trabajado y mantenido día a día. Un camino que se da por construido y no se mantiene se echa a perder y no nos lleva al destino.No es el primer caso, ni seguramente será el último. Conozco alguno y también entonces fueron los más jóvenes los que mostraron añoranza del pasado. Hombres jóvenes que quieren aquello que sus abuelos y padres asumieron, con mayor o menor gusto, debían compartir con sus iguales mujeres. 

Compartir es jodido, no es algo que salga de manera natural. No hay más que asomarse a un parque infantil ¿quién se baja del columpio o comparte sus juguetes motu proprio? Estoy yo. Es mío. A compartir se aprende, se educa. Y al igual que en un parque infantil suele haber una persona adulta que ayuda a aprender, cuando son personas adultas, personas, las que no comparten, el Estado debe ayudar a educar y acompañar en el proceso de aprendizaje. 

Lo resumiría de manera simple para que lo entiendan: si no compartes, no hay parque; si no hay igualdad, no hay espacio público.

Supongo que encontrarán alguna cueva en la que procesionar.

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