Imagen: AFP vía Getty Images

Escuchaba hace un par de meses a David Trueba hablar sobre la relación entre el cine de súper héroes y el fascismo y me hizo pensar. Individuos que se dicen servir a un bien moral superior, que ejercen su poder sin restricciones, aunque implique saltarse las normas comunes de convivencia.

Hombre solos (o en grupo, pero con un jefe) que se presentan como los que pueden resolver, generalmente mediante el uso de la fuerza, problemas colectivos que los gobiernos son incapaces de resolver, casi siempre relacionados con el orden y la seguridad. Mucha testosterona, masculinidad belicosa con una puesta en escena de culto a la fuerza y a la autoridad.

Individuos a los que les sobran las normas para imponer el orden que consideran oportuno y en el que no suelen encajar los seres diferentes que no se ajustan a su patrón. Hombres fuertes que no dudan, que siempre tienen la razón y son capaces de retorcer las palabras y la realidad para que refleje su verdad.

El mensaje que subyace suele ser el mismo: el sistema, la democracia, no es eficaz. Es más, molesta y puede ser un problema.

Vivimos tiempos en los que cuesta identificar si es la realidad la que inspira a la ficción o a la inversa. Pensemos por ejemplo en la imagen de Greg Bovino con ese abrigo evocando al offiziermantel de los oficiales de las SS o de personajes de historias de super héroes añadiendo un toque aún más siniestro si cabe a la brutalidad del ICE.

Las imágenes que estamos viendo estas semanas en Minneapolis bien recuerdan a películas que nos presentan el futuro como distopías. Grupos de matones convertidos en la autoridad con patente de corso, asesinatos de civiles, detenciones de niños, personas escondidas por miedo a ser detenidas y todo con un ambiente de frío y nieve que nos lleva de nuevo a lo que hemos visto en la ficción y nos golpea en la cara este enero de 2026.

Llamar a las cosas por su nombre es lo primero para enfrentarlas y lo que está pasando se llama fascismo.

La historia ha demostrado cuán rápido se extiende el fascismo mientras la democracia reacciona. Pensemos que Hitler tardó apenas dos meses en poner en marcha medias contra los judíos que culminaron con el holocausto que recordamos estos días.

ICE out gritan en Estados Unidos. Pero también aquí tenemos seguidores del ICE que no esconden sus intenciones. Solo hay que evitar que puedan hacerlas realidad.

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