
“Podría ser” es la respuesta de Trump a la pregunta de si la Junta de Paz que presentaba el pasado jueves en Davos sustituiría a las ONU
No es un secreto lo que el presidente de los Estados Unidos piensa del sistema internacional. Pero una cosa es no respetarlo y otra distinta es pretender crear un sistema paralelo y de naturaleza privada como parece anhelar Trump.
Para Trump el sistema de Naciones Unidas no funciona, no le es útil y no le rinde la pleitesía que entiende que debe rendirle. El presidente está enfadado porque no entiende que el mundo no se rinda a los pies de quien se ve como una suerte de súper héroe que en 10 meses ha resuelto 8 conflictos que el sistema internacional había sido incapaz de resolver durante décadas.
Merece la pena leer los estatutos de la Junta de Paz. Dejan poco espacio a la duda respecto a las intenciones. Estados Unidos no se irá de Naciones Unidas donde tiene derecho de veto, pero su Junta de Paz es una prueba clara de su firme voluntad de desmantelar la arquitectura internacional.

Artículo 1 de la Carta de la Junta de Paz.
Se trata de una entidad creada por la vanidad y para los intereses de un hombre. Todo depende de la voluntad del Chairman, de Trump y el objetivo es la resolución de los conflictos globales. [Ni una sola mención a Gaza cuya “reconstrucción” se suponía el propósito de la Junta de Paz]
La membresía es a invitación del Chairman por la módica cantidad de 1.000 millones de dólares. El poder de decisión recae también en la voluntad del Chairman.
Estamos viviendo un momento histórico realmente crítico en el que la primera potencia mundial tiene muy claro que el orden actual no responde a sus intereses y lo cambiará por las buenas o por las menos buenas. Lo está haciendo también en su territorio, que cada día recuerda más a un recopilatorio de las distopías que inundan las plataformas de streaming.
Trump tiene muy claro sus objetivos, ejerce una nueva versión del imperialismo del mismo modo que ha ejercido su poder en el ámbito privado.
España se puede sentir orgullosa de la posición coherente y firme de defensa del derecho internacional y la relación en pie de igualdad entre países que mantiene el gobierno. Necesitamos firmeza en los principios del derecho internacional, en el multilateralismo. No se puede dejar espacio a los matones y mucho menos que marquen las normas globales.
Quizás las decisiones de Trump son el revulsivo que haga reaccionar a la comunidad internacional para acometer la reforma necesaria y anhelada del sistema de Naciones Unidas que lo refuerce y lo haga más democrático, más transparente y más eficaz.
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