A estas horas un barco con 629 personas a bordo más la tripulación navega por el mar Mediterráneo sin encontrar un puerto donde atracar. No sabemos si hay personas enfermas a bordo, pero sí que más de 100 son niños y niñas y que hay mujeres embarazadas. No sabemos si hay alimentos, agua o medicamentos suficientes ni para cuánto tiempo. Porque, ¿qué va a pasar con el Aquarius?
En la Europea de 2018 se cierran puertos mientras las ONG, asumiendo el riesgo de ser criminalizadas, salvan vidas con sus recursos económicos, técnicos y humanos.
Europa no puede permitir que 629 personas vaguen por el Mediterráneo sin saber dónde, ni hasta cuánto. ¿Las vamos a dejar morir? ¿Las vamos a mandar de vuelta a Libia para que allí les pase no sabemos qué?
Va a empezar el verano y con él aumentarán las llegadas, ¿qué vamos a hacer? La vida de las personas no puede depender de la improvisación de los Gobiernos europeos.
No es admisible lo que está sucediendo y pone de manifiesto que algo está mal. Que algo no funciona y a lo que hay que poner remedio.
En lo inmediato, la obligación de acoger a las personas náufragas tal y como obliga el derecho internacional. Abandonar a su suerte a estas 629 personas, además de colocar contra las cuerdas nuestra moral va en contra del derecho internacional.
En lo urgente, Europa no puede mirar hacia otro lado. Los europeos y las europeas no podemos mirar hacia otro lado ante el drama de miles de personas que cruzan nuestro mar en busca de un futuro en paz y con oportunidades. Necesitamos una política migratoria europea, común, solidaria y asentada en los derechos humanos.
Somos la frontera más desigual del mundo y en el fututo cercano seremos una isla demográfica. África concentrará el 40% de los niños y niñas del mundo frente a una Europa despoblada y envejecida. Niños y niñas que, si no se remedia, seguramente no encuentren las oportunidades y derechos que merecen.
Necesitamos una política migratoria que reduzca al máximo el riesgo para la vida, que habilite vías legales y seguras de manera que el futuro de miles de personas no dependa de organizaciones mafiosas que se aprovechan de la necesidad de quienes migran y de la ausencia de medios legales para hacerlo. La mejor manera de terminar con el negocio de las mafias es una sólida política migratoria y de asilo.
Llevo mucho tiempo reclamando un diálogo profundo y honesto sobre la migración, sobre la gestión de los desplazamientos de huyendo de todas las demagogias. Las migraciones se gestionan, no se controlan, y debemos encontrar con nuestros socios europeos y los países de origen y de tránsito la mejor manera de gestionar estos desplazamientos humanos. Diseñar de manera conjunta una política que atienda las necesidades de migrantes económicos y demandantes de asilo y protección de manera diferenciada sin ser ajenos a las realidades de los países de acogida. Insisto, un diálogo honesto, urgente y sereno.
No más Aquarius. No más criminalización de quienes salvan vidas. Sí a una política migratoria común y solidaria.
@CarlotaMerchn
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