Llevamos años siendo testigos de una de las mayores tragedias humanas, la muerte sin sentido –como todas- de miles de personas en el Mediterráneo en su intento desesperado de alcanzar el sueño europeo. El mismo Mediterráneo que ha sido durante miles de años canal del intercambio, del conocimiento, de la cultura, del comercio, cuna de nuestra civilización. El Mediterráneo de Grecia, Roma, Cartago, Alejandría….

Se estima que en la barcaza desaparecida entre Libia e Italia podría haber a bordo más de 900 personas, la práctica totalidad desaparecidas. No consigo sacar de mi cabeza esta tragedia, esta otra tragedia más de la que somos testigos.

Escucho hablar de reforzar el control de fronteras, de incrementar la lucha contra las mafias que han visto en la desesperación por la huida de sus semejantes una fuente cuasi ilimitada de enriquecimiento, desgraciadamente como desde que el mundo es mundo.

Es cierto que hay que combatir a las mafias, pero no son ellas las causantes de que miles de personas huyan hacia Europa. Las mafias están haciendo negocio a costa del sufrimiento de quienes huyen del hambre, la pobreza y la guerra. Miremos a los países de origen de las personas que colman esas barcazas: Libia, Somalia, Eritrea, Malí y en menor medida (porque han cambiado de rutas) Siria e Iraq.

Escuchar que la alternativa puede ser no rescatar a los náufragos para evitar el efecto llamada que esto puede ocasionar me avergüenza como europea, como ser humano. Sin mencionar las ideas de los más osados que directamente tacharía sin pudor de asesinatos (me refiero a la idea de una diputada de Forza Italia de bombardear las barcazas).

¿Tan insensibles se han vuelto los gobernantes europeos al dolor ajeno que miles de muertes en nuestras puertas no son suficientes como para que sean una prioridad máxima del conjunto de la Unión Europea? Esto no es un problema a resolver por Italia o España, es una cuestión de emergencia humanitaria europea.

Mientras persistan los conflictos que empobrecen, violan derechos y hacen que la vida de millones de personas sea un infierno en la tierra, seguirán escapando como haríamos todos y todas si de ello dependiera el futuro de nuestros hijos e hijas. No hay nada que puede detener el valor que genera la desesperación y el miedo de para quienes la vida no es mucho mejor que la muerte, y por eso se permiten arriesgarla.

La emigración debe ser una opción, no la única salida de personas que, seguramente, serían sujetos de asilo. Pueden tratar de poner vallas al mar, pero en tanto que no las pongamos a la pobreza y la guerra, no hay ejército que pare la marea de la desesperanza.

Ni una muerte más en el Mediterráneo.

@CarlotaMerchn

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