Los casos de corrupción, de financiación ilegal, de amnistías fiscales a la carta están conduciendo a la sociedad española a una situación de hartazgo sin precedentes y de consecuencias para nuestro sistema democrático difíciles de predecir.

En un momento en el que el informe Foessa nos dice que 1 de cada 4 personas en este país vive en exclusión social los acontecimientos de los que estamos siendo testigos adquieren una dosis de indignación superior si cabe.

Estoy convencida de que la corrupción ni es inherente ni es generalizada en la política española, como lo estoy de que no es inevitable y de que no es una cuestión de tiempo, porque el deshonesto,  como el honesto, nace, no se hace. Estoy convencida de que la mayoría de las personas que ejercen responsabilidades políticas son honestas.

Pero la cuestión no es si yo estoy convencida o no, sino que la realidad hace que resulte difícil estarlo cuando no hacen sino aparecer casos y casos de corrupción.

Las imágenes de cargos públicos entrando en comisarías y cuarteles flanqueados por la guardia civil no solo deterioran la imagen de esos cargos públicos, sino de la política en general. Alimentan la sensación de podredumbre, de vivir en una mentira, de que la política, el gobierno de la polis no sirve.

Los ciudadanos no creen ni que los políticos ni los partidos ni la política puedan ofrecer la solución a sus problemas. Es más, consideran que es el problema.

Eso es lo que escuchamos en los centros de trabajo, en el transporte público, en el mercado, en la calle.

Quienes nacimos con vocación de servicio no podemos sentir sino asco, así, tal cual, asco por quienes utilizan la tarea más satisfactoria que puede desempeñar una persona como es trabajar para que tus vecinos y vecinas tengan la mejor calidad de vida posible en un oficio sucio, en la manera de lucrarse ilícitamente, para robar en definitiva. ¿Cómo se enmienda esto? Con lo elevado del daño económico, creo que es mayor el daño moral que la corrupción hace a nuestra sociedad.

Las medidas para evitar y castigar la corrupción son necesarias. Pero considero aún más necesario, imprescindible me atrevería a decir, que los partidos políticos sean eficaces en la selección de sus cuadros, de sus representantes en las instituciones u otros espacios. No creo que haya que llegar a una prueba del pañuelo, pero casi.

En medicina cuando una herida no se limpia del todo tarde o temprano vuelve la infección o la gangrena. Pues en política, el mismo tratamiento, desbridar hasta eliminar cualquier tejido sospechoso de estar infectado, hasta que salga sangre roja. Rotundidad y tolerancia cero.

@CarlotaMerchn

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