Si alguien me hubiera dicho que estaría presenciando la realidad que nos está tocando vivir en este país esta semana seguramente habría reaccionado con un airado «¿qué estás diciendo?». Pero habría estado muy equivocada, completamente equivocada, porque la realidad supera a la ficción casi siempre, y en estos momentos y en este país, la realidad supera con creces toda situación imaginable.

España es el primer país no africano en el que se produce un contagio de enfermedad por virus Ébola. Pero lo realmente grave no es tanto que se haya dado el contagio, que cabía en las proyecciones de algunos expertos, sino el cómo se ha producido este contagio, la concatenación de errores y chapuzas y el desgobierno de una crisis de esta envergadura.

Es en los momentos de crisis en los que los responsables políticos tienen la oportunidad de demostrar su valía. O no. Y éste es el caso de Ana Mato. Mira que ha tenido oportunidades para mostrarse y ha desaprovechado todos y cada uno de ellos. Su gestión de las políticas de igualdad, de la violencia de género, la retirada de la tarjeta sanitaria a cientos de miles de personas, el copago farmacéutico…. y lo que le faltaba a la reina del confeti, el Ébola.

Si hay algo que causa más preocupación que una crisis es que quien tiene la responsabilidad de gestionarla y resolverla se muestre incapaz y aun así permanezca al mando; que se presente con cara de miedo y reconociendo abiertamente no tener idea de lo que pasa.
Y esto es lo que vimos el lunes, nosotros y el resto del mundo. Una Ministra sobrepasada por las circunstancias, con la palabra pánico escrita en la cara mientras al otro lado de la pantalla esperábamos una información rigurosa y mensajes de confianza y tranquilidad.

A partir de aquí, un show de puertas abiertas más propio de una película de la serie “Aterriza como puedas” que de un país que aspira a estar la semana que viene en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas: a enferma en la portada de los principales periódicos, el sacrificio del perro, entrevistas a los medios de comunicación desde el aislamiento, el consejero de sanidad de Madrid culpando a la enferma y haciendo declaraciones cada cual más incalificable… Pero hasta ahora nadie ha asumido la responsabilidad de nada.

Una cadena de errores sin fin en la toma de decisiones no solo en cuanto a la formación para la prevención y tratamiento del Ébola, sino errores de gobierno en el Estado y en la Comunidad de Madrid. Una política de recortes en la sanidad pública madrileña sin otro criterio que el de reducir costes a costa de lo que sea, tiene consecuencias y en este caso aparte de las que atañen a la salud pública se añade el ridículo mundial.

Esta crisis está confirmando, una vez más, la incapacidad de quienes detentan la responsabilidad de gobernar este país, que lo mejor que saben hacer es echar la culpa a otros y no dar la cara. Aunque la verdad, que casi mejor que no hablen, sino que arreglen el desaguisado y se vayan.

@CarlotaMerchn

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