La cuestión del trabajo infantil tiene muchas aristas, es sumamente compleja y, si no, preguntemos a las organizaciones de defensa de la infancia que llevan décadas trabajando en el sector.

Los ingresos que proporcionan los niños y las niñas de muchos hogares son esenciales para millones de familias que dependen del trabajo de sus hijos e hijas. Y es aquí dónde está el quid de la cuestión, cómo mantener el poder adquisitivo de esas familias sin que sus hijos e hijas tengan que trabajar.

El Gobierno de la República Plurinacional de Bolivia está tramitando la aprobación de una ley que autorizaría a los menores a partir de los 10 años trabajar por cuenta propia si así lo solicitan, rebajando también la edad laboral de 16 a 14 años.

Aun reconociendo que la cuestión del trabajo infantil es tremendamente difícil de manejar, tengo claro que un gobierno no debe dar la batalla por perdida. En el caso boliviano hay elementos que simplemente me resultan increíbles como el hecho de la existencia y reconocimiento gubernamental de un sindicato de niños trabajadores con el que se ha reunido y negociado el Presidente Morales. Un sindicato formado por niños y niñas de 10-17 años, lo siento, pero la sola idea de su existencia me revuelve.

Sinceramente no imagino a mi hija de 10 años solicitando en una ventanilla el alta como trabajadora. Y no caigamos, por favor, en que esos niños y niñas son diferentes, son niños y niñas.

Es cierto que la ley prohibirá que los menores trabajen en actividades que pongan en riesgo su salud o su formación, o en aquellas que supongan maltrato físico, psicológico o moral. Y me pregunto, ¿no es en sí mismo un maltrato que un niño o una niña de 10 años tenga que trabajar para sacar una familia adelante por mucho que ellos consideren que deben hacerlo? ¿No pone en riesgo su salud y su derecho a la infancia?

¿No es la obligación de todo gobierno velar porque las familias en situación de necesidad dejen de estarlo y no asumir que como son pobres no les queda de otra que poner a sus hijos e hijas a trabajar?

Los niños y las niñas deben crecer como tales sin distinción, disfrutar de su infancia, formándose y desarrollándose como niños y niñas, no como adultos. Y es obligación de quienes detentan responsabilidades de gobierno velar porque esto sea así, poner sus recursos en marcha para que las familias tengan acceso a los servicios sociales básicos, a unos ingresos mínimos que permitan una vida digna.

El Gobierno boliviano está haciendo progresos muy importantes en materia de lucha contra la pobreza y el desarrollo de uno de los países más pobres de América Latina y sus progresos no deberían oscurecerse por esta ley. Seguramente, entre todos, se pueda llegar a una solución, más allá de echarnos las manos a la cabeza el trabajo infantil requiere de la cooperación de todos.

@CarlotaMerchn

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