El lugar y la familia en que nacemos es la circunstancia que mayor influencia tiene en la vida de una persona y es fruto del azar. Y bendita la gracia que tiene para muchos. Nadie elige nacer pobre. Nadie elige nacer en un país en conflicto.

Sin embargo, tenemos el derecho de ser dueñas y dueños de nuestro futuro. Todas las personas tenemos derecho a buscar mejores condiciones de vida para nostras y para los nuestros.

Con el alma aún dolorida por la tragedia de Lampedusa, hace un par de días nos estremecía la noticia de la muerte de 87 personas en su ruta hacia Argelia, muertas de sed. Supongo que su destino final era Europa.

Personas que pusieron en riesgo lo único que tienen, su vida huyendo de la pobreza, de la violencia, del hambre, de la falta de acceso a la salud, a la educación, a las mínimas condiciones que un ser humano precisa para una vida digna.

¿Se puede combatir esto? ¿Con qué derecho? Las muertes que nos duelen sean en el desierto de Níger sean en el Mediterráneo se pueden evitar con desarrollo, con oportunidades de futuro en paz en los países de origen, con buenos gobiernos, con empleo decente, con salud, alimentación adecuada, educación. La cooperación internacional para el desarrollo puede contribuir a reducir las migraciones forzadas, a que la emigración sea una opción, pero no la única.

Como me dijo una vez un hombre que había intentado entrar en España en dos ocasiones fallidas, «mil veces que me echen, mil veces que intentaré volver. No tengo nada que perder». Y contra eso poco o nada pueden hacer los controles de fronteras o las medidas policiales.

Nada hay que frene el anhelo de una vida mejor, ni siquiera el miedo a perderla en el camino. Mientras eso no lo tengan claro los países de destino seguiremos asistiendo a tragedias como la reciente de Lampedusa o la del desierto de Níger. Solo dando respuesta a las causas que obligan a las personas a dejar su hogar se controlará las mafias y las muertes.

@CarlotaMerchn

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